CICLISMO y CORAZÓN

Efectos del ciclismo sobre el corazón.

El corazón es básicamente un músculo enrollado sobre sí mismo formando cuatro cavidades que están conectadas a vasos sanguíneos de entrada y de salida. Como todos sabemos, la contracción cardíaca garantiza el bombeo de la sangre y su circulación por todo el organismo.

Es muy interesante la capacidad del corazón para bombear la sangre venosa o poco oxigenada hacia los pulmones para que se oxigene y al mismo tiempo desde allí hacerla circular hacia el resto del cuerpo a través de las arterias.

Pero cuando esa sangre arterial libera en los órganos, su oxígeno (O2) y nutrientes, nuevamente retorna por el sistema venoso para ser oxigenada y darle continuidad al ciclo. Una «rodadura» permanente que comienza desde que estamos en el vientre materno y no se detendrá sino hasta el instante final de nuestra existencia terrenal.

En este artículo te describiremos brevemente cuales son los efectos del ciclismo sobre el corazón.

Foto de Christian Gawron en Pixabay

Frecuencia cardíaca:

Durante una actividad física deportiva como la del ciclismo, el incremento del trabajo de grandes grupos de músculos, aumenta la demanda de oxígeno (el principal “combustible” de nuestras células) y otros nutrientes. Para responder a ese aumento en las necesidades metabólicas de nuestra musculatura el organismo incrementa progresivamente la frecuencia cardíaca (FC) que es el número de latidos por cada minuto.

La frecuencia cardíaca normal en reposo (FC basal) está entre 50 y 80 lpm en la mayoría de las personas. Sin embargo los ciclistas profesionales en estado de reposo tienen una frecuencia cardiaca mucho menor que el resto de las personas comunes. Eso se debe a que ellos el músculo cardíaco o miocardio es tan eficiente que es capaz de bombear una mayor cantidad de sangre en cada latido y por tanto se necesitan menos contracciones (latidos) por minuto.

En plena cumbre de la carrera deportiva de Miguel Indurain, considerado el mejor ciclista español de todos los tiempos, sus pulsaciones en reposo rondaban las 28 pulsaciones por minuto. Esta es una cifra extremadamente baja en comparación con una persona común pero completamente comprensible en un deportista de élite como él.

Cuanto más intensa es la actividad deportiva, mayor será la frecuencia cardíaca alcanzada. Este valor se incrementa progresivamente conforme aumenta la intensidad del ejercicio y puede llegar a superar los 170 lpm. A esto se le denomina “respuesta cronotrópica” y será efectiva en la medida que se logre acoplar a las demandas metabólicas.

No es deseable una respuesta cronotrópica lenta (donde la FC tarde demasiado en subir) o escasa (suba poco), como tampoco una demasiado rápida (donde se dispare desde las fases iniciales del ejercicio) o alcance valores extremos y desproporcionados. En estos casos, habrá disociación respecto a los requerimientos metabólicos de los músculos y el resultado será una merma en el rendimiento deportivo del ciclista.

Otro rasgo que caracteriza a la FC de los ciclistas y otros atletas entrenados es su rápida capacidad de recuperación. Un signo de buen estado físico es el rápido retorno de la FC a sus valores basales una vez terminado el ejercicio. En resumen la FC de un atleta entrenado se caracteriza por: a) frecuencia cardiaca basal muy baja; b) respuesta cronotrópica efectiva; c) recuperación rápida a los valores basales previos.

Gasto cardíaco:

El gasto cardíaco (GC) o débito cardíaco es el volumen de sangre expulsado por el corazón por minuto. Además de depender de la fuerza contráctil del corazón, está mediado por otras variables como el volumen sistólico de eyección (VS) y la frecuencia cardíaca (FC). Por eso una ecuación sencilla para representarlo es GC = VS x FC

El valor del gasto cardíaco normal de un adulto joven y sano del sexo masculino es de un promedio de 4.5 litros por minuto. Durante actividades deportivas como el ciclismo solemos experimentar un notable aumento del gasto cardiaco pues el corazón debe suplir el incremento de las necesidades metabólicas de toda la musculatura periférica comprometida en esta intensa actividad física.

La curva de incremento del GC no se comporta de igual manera en cada una de las modalidades de ciclismo. La respuesta sigue un curso particular en modalidades contrareloj respecto a otras más prolongadas donde predomina la resistencia. 

Presión arterial:

Conforme aumenta la frecuencia cardíaca y el volumen de sangre expulsado en cada minuto (gasto cardiaco) también se incrementa la tensión que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias, o sea la llamada “presión arterial”. Durante el ciclismo, tal y como ocurre en otras actividades deportivas ocurre una elevación de la presión arterial.

Tal elevación de la presión arterial nunca debe alcanzar cifras extremas en los sujetos sanos. Sin embargo, puede alcanzar cifras muy elevadas en personas con una hipertensión arterial (HTA) de base, sobre todo si la persona no sigue un tratamiento adecuado. Sin embargo, se ha demostrado científicamente que la práctica  regular de actividades aeróbicas es sumamente beneficiosa en pacientes que sufren trastornos hipertensivos. De modo que los médicos y cardiólogos actualmente recomiendan la actividad física y particularmente el ciclismo como uno de los pilares del tratamiento de la hipertensión arterial

En todo chequeo cardiológico deportivo uno de los parámetros a evaluar es la respuesta tensional al ejercicio. El objetivo es determinar si la curva de presiones arteriales adopta un comportamiento fisiológico, o si se trata de de una respuesta anómala que requiere algún tipo de intervención o tratamiento.

Hipertrofia:

Como respuesta compensatoria al incremento del trabajo cardiaco que supone una actividad física intensa, el corazón tiende a hipertrofiarse. O sea, al igual que cualquier otro músculo comienza a aumentar su masa y «crecer».

Inicialmente solo aumenta el diámetro de las cavidades y con ello el volumen de sangre que es capaz de manejar. Pero posteriormente el corazón incrementa paulatinamente el grosor de sus paredes musculares. En los deportistas profesionales este proceso puede ser muy notable y clásicamente se le ha llamado “cor de atleta” o corazón de atleta.

Este tipo de hipertrofia natural o adaptativa hace que el corazón logre más eficiencia y llegue a bombear más cantidad de sangre con un menor número de latidos. Este es uno de los factores que explican que la frecuencia cardiaca, o sea, el número de pulsaciones por minuto, tienda a ir decreciendo paulatinamente cuando practicamos un deporte como el ciclismo de forma habitual.

Sin embargo, no todas las hipertrofias cardíacas son secundarias al deporte. Ante una persona con un corazón «aumentado de tamaño» todo buen cardiólogo en su evaluación cardiodeportiva deberá determinar si se trata del proceso fisiológico relacionado con el deporte o si es un fenómeno patológico secundario a alguna enfermedad. De tratarse de este último caso, una actividad física intensa podría originar complicaciones, favorecer la aparición de arritmias e incluso precipitar un desenlace fatal.

¿Quiere decir que el ciclismo puede dañar mi corazón?

Es muy poco probable que la práctica del ciclismo pueda “dañar” el corazón. Por lo general los problemas de salud cardiovascular que aparecen durante esta o alguna otra actividad física ya estaban allí desde antes, solo que la persona no lo sabía.

Eso, unido a una actividad física no planificada, irracional o desproporcionada puede llevar a serias complicaciones, algunas incluso con peligro para la vida. Pero precisamente ahí está el valor de la evaluación cardiológica deportiva: detectar problemas para evitar complicaciones.

El ciclismo como actividad física planeada y monitoreada, es uno de los recursos empleados en la rehabilitación de personas con enfermedades del corazón. Sus beneficios en personas con enfermedad coronaria, e incluso con el antecedentes de haber sufrido un infarto miocárdico, han sido debidamente corroborados en numerosas investigaciones.

También se ha comprobado científicamente que montar en bicicleta de manera sistemática tiene notables beneficios en el ámbito preventivo pues disminuye apreciablemente el riesgo de enfermedad cardiovascular. Además de eso, están sus efectos positivos contra el estrés y otros trastornos emocionales, con lo cual mejora de forma directa nuestra calidad de vida.

Sigue leyendo: 
Parte I:    PEDALEANDO con el CORAZÓN  
Parte III: Evaluación cardiológica del ciclista: ¿Cómo? ¿Con qué? ¿A quién?
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Doctor Aldo Santos, cardiologo

Redactado por: Dr. Aldo M. Santos, cardiólogo, MSc.

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ADVERTENCIA: Este artículo solo tiene fines educativos y en ningún caso puede sustituir la atención médica por un profesional calificado.

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