HIPERTENSIÓN ARTERIAL: cuando la presión sube, sube y sube.

Si eres de los que la presión le sube demasiado (ese problema que los médicos llaman “hipertensión arterial”) sigue leyendo porque este artículo es para ti.

¿Qué es la «presión arterial»?

La también conocida como “tensión arterial” es la fuerza física que normalmente ejerce la sangre contra las paredes de las arterias al ser bombeada por el corazón. Esa presión es la que garantiza que la sangre pueda circular desde las arterias más gruesas hasta las más finas y llegue a todos los órganos llevando el oxígeno y los nutrientes: sin presión arterial no es posible la vida.

Cuando nos miden la presión, el resultado son dos números separados por una barrita, por ejemplo: 110/60. El primer número es la presión arterial sistólica o máxima, que es la fuerza que ejerce la sangre sobre la pared de las arterias en el momento en el que el corazón se está contrayendo y bombeando la sangre (esta fase se llama «sístole»). El segundo número es la presión arterial diastólica o mínima, que corresponde a la fuerza que ejerce la sangre sobre las arterias en el momento que el corazón se está relajando (una fase que se llama «diástole»). La unidad de medida de la presión arterial son los «milímetros de mercurio», representados como: mmHg.

Las cifras normales de presión arterial tienen un rango de valores considerados como normales. Pero cuando por algún motivo esas presiones empiezan a ser excesivamente elevadas, entonces se convierte en un problema de salud, una enfermedad. La llamada hipertensión arterial (en medicina “hiper-” quiere decir “mucho”, “excesivo” o “elevado”) puede llegar a provocar daños en los vasos sanguíneos y alterar de forma permanente el funcionamiento de varios órganos. En ciertas circunstancias la hipertensión arterial (HTA) puede incluso poner en peligro la vida de la persona o dejar secuelas discapacitantes.

Por otro lado, cuando la presión arterial disminuye demasiado, entonces se le llama “hipotensión arterial” (en medicina el prefijo “hipo-” quiere decir “poco”, “escaso” o “bajo”). Esta es una situación que puede llegar a ser también peligrosa y que trataremos más adelante en otro artículo.

¿Cómo puedo saber si soy hipertenso?

Para diagnosticar la hipertensión arterial (HTA) no se necesita ningún examen de imagenología o de laboratorio. En la mayoría de las personas basta con medir la presión en el brazo o la muñeca y los tobillos mediante un equipo llamado «esfigmo-manómetro» o «tensiómetro». Se define que alguien sufre de hipertensión arterial (HTA), o sea se le declara como «hipertenso», cuando en dos o más mediciones fortuitas o al azar de su presión arterial se le detectan cifras anormalmente altas. A continuación te presentamos una tabla con las cifras o valores de presión normal y las diferentes categorías de hipertensión según la Asociación Americana del Corazón (AHA):

Los tensiómetros clásicos o tradicionales son los de columna mercurio y los aneroides con su característico «relojito de una sola aguja». Sin embargo, actualmente existen tensiómetros digitales que son relativamente pequeños, ligeros y sencillos de transportar, la mayoría no resultan caros y lo más importante: se pueden aprender a usar muy fácilmente, incluso por personas mayores o poco familiarizadas con las tecnologías. Contrario a lo que algún que otro vecino cuenta, la mayoría de los actuales tensiómetros digitales si son fiables y bastante duraderos, solo hay que cumplir las instrucciones sobre su uso.

Si tienes alguna duda sobre la exactitud del tensiómetro que tienen en casa, llévalo a tu próxima consulta para que tu médico lo revise y te diga si sus mediciones son confiables. Como parte de nuestras iniciativas de educación sanitaria, en CÂRDIUM le enseñamos gratuitamente a nuestros pacientes a medirse la presión y comprobamos periódicamente el estado de sus tensiómetros. Por eso es importante que los traigas a tus citas médicas con el cardiólogo.

En ciertos pacientes, las mediciones aisladas de presión arterial no son suficientes para precisar su tipo de hipertensión, el horario en el que más le sube y otros datos necesarios para escoger el tipo de medicamento, la dosis o el mejor momento del día para tomarlo. En estos casos puede ser sumamente útil un examen llamado Monitoreo Ambulatorio de la Presión Arterial (M.A.P.A).

Este estudio, también conocido como Holter de presión arterial consiste en un pequeño tensiómetro digital portátil que se le coloca al paciente y se programa para que le mida automáticamente la presión y la frecuencia cardiaca cada cierto tiempo. Esos datos los irá grabando en una memoria interna. La persona debe llevar puesto ese equipo durante al menos 24 horas seguidas mientras hace sus actividades diarias normales y durante el período de sueño. Al siguiente día regresará al consultorio, donde se le retira el aparato y los datos recogidos se descargarán a un software de computadora donde el cardiólogo los analiza para emitir un informe detallado. Si deseas más información sobre este tipo de estudio, puedes leer nuestro artículo sobre el Holter P.A.

Aunque como ya hemos dicho, los estudios de laboratorio o de imágenes no son necesarios para saber si alguien sufre o no de hipertensión, a todos los pacientes que se les detecta una hipertensión arterial, se les debe realizar periódicamente ciertos exámenes. El objetivo es evaluar si tienen algún otro factor de riesgo cardiovascular, alguna otra enfermedad concomitante y evaluar el estado de su corazón, sus vasos sanguíneos y de sus riñones. Es por eso que todo sujeto hipertenso debe chequearse regularmente los niveles de lípidos o grasas en sangre (colesterol, triglicéridos) y la glicemia o azúcar en la sangre, entre otros parámetros. También es sumamente útil tomarle un electrocardiograma por lo menos una vez al año. En ciertos casos también su cardiólogo le indicará otros exámenes como un ecocardiograma, una ecografía renal o de la glándula tiroidea.

¿Qué se siente cuando sube la presión? ¿Cuáles son los síntomas de presión alta?

Muchos piensan que cuando tengan la presión alta siempre van a sentir algún síntoma o malestar como dolor de cabeza, mareos, palpitaciones, fatiga, nauseas, visión borrosa, calor en las orejas…. Sin embargo, en la mayoría de las personas la hipertensión arterial no causa ningún síntoma. O sea que en un importante número de casos la HTA puede llegar a ser completamente asintomática, lo cual no quiere decir que en ellos sea menos peligrosa sino todo lo contrario: no hay peor enemigo que aquel que tú no sabes el daño que te está haciendo por la espalda.

Precisamente es por esa escasez de síntomas, malestares o signos de alerta que casi la mitad de los adultos hipertensos (un 46%) ignora que está padeciendo esta afección. Desafortunadamente, en muchas de esas personas cuando aparecen los primeros síntomas, son ya los de alguna de sus complicaciones por un daño cardíaco, renal o cerebral. De ahí el sobrenombre que algunos le han dado a la presión alta de… “el asesino silencioso”.

Todo paciente hipertenso no puede confiarse y aunque se sienta bien, tiene que medirse la presión con frecuencia para detectar si le está subiendo sin experimentar síntomas. También toda persona sana debe periódicamente hacerse medir la presión como parte de sus chequeos de salud.

¿Porqué nos hacemos hipertensos? ¿Cuáles son las causas de la hipertensión arterial?

La hipertensión arterial puede ser causada por un variado grupo de factores o trastornos que pueden aparecer de forma aislada o en combinación en una persona y causarle esta enfermedad. A grandes rasgos las causas de la hipertensión pueden ser:

  • Trastornos que dificultan que las arterias del cuerpo se puedan dilatar y por tanto se mantengan demasiado estrechadas o que sus paredes se pongan rígidas.
  • Alteraciones circulatorias localizadas en las arterias de los riñones.
  • Enfermedades renales y de las vías urinarias.
  • Enfermedades endocrinas, o sea, de algunos tipos de glándulas y sus hormonas.
  • Trastornos neurogénicos o de ciertas zonas del cerebro.

Es importante resaltar que algunas de estas causas de HTA que hemos citado, pueden tener un trasfondo genético, o sea, una predisposición hereditaria. Eso quiere decir que si en su familia hay muchos hipertensos, usted tiene una mayor probabilidad de llegar a desarrollar algún día esta enfermedad. ¡Pero que no cunda el pánico! El tener padres, hermanos o abuelos hipertensos, tampoco quiere decir que usted está condenado a ser hipertenso.

No todo depende de la «herencia». También la aparición de la hipertensión depende de factores individuales adquiridos como el estado físico y mental, la dieta, la presencia de obesidad y/o sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol, café, tabaco, drogas u otros estimulantes, el hábito de fumar o el uso prolongado y excesivo de ciertos medicamentos.

¿La hipertensión se cura? ¿Tendré que tomar pastillas por el resto de mi vida?

Por lo general las causas de la hipertensión, son trastornos permanentes. Por tanto provocan en la persona que los padece una tendencia persistente a la elevación de su tensión arterial. Es por eso que en la mayoría de las personas la hipertensión es un enfermedad crónica. En efecto, la mayor parte de las personas hipertensas nunca se lograrán «curar» esa tendencia a tener la presión elevada. Sin embargo, siguiendo las orientaciones de su médico o cardiólogo pueden convertirla en una condición perfectamente controlable y llevar una vida normal, sin ninguna limitación.

Un muy pequeño grupo de pacientes hipertensos (una o dos de cada cien personas con HTA) tienen algunas enfermedades que si se pueden curar. Es el caso de personas con ciertos problemas que afectan a uno solo de sus riñones, una obstrucción de las vías urinarias, la estrechez de las arterias renales o algo llamado feocromocitoma que consiste en una pequeña masa que produce y libera a la sangre un exceso de hormonas que hacen subir la presión. En esos pocos casos, una cirugía o una intervención por catéter pueden eliminar por completo la hipertensión.

El resto de los pacientes con hipertensión arterial deberá seguir un tratamiento farmacológico permanente para mantener controlados sus niveles de tensión arterial. Hay personas en las que la presión arterial no está alta todo el tiempo, sino solo de forma ocasional o esporádica. Pero incluso ellos también deberán tomar sus pastillas todos los días porque no se puede predecir en que momento les subirá, hasta que cifras y si le aparecerán o no daños o complicaciones. Lo más prudente es cumplir con la prescripción y tomar su medicación todos los días para mantenerse protegido.

¿Qué riesgos tiene la hipertensión arterial? ¿Cuáles complicaciones pueden sufrir los hipertensos?

La presión alta puede causar daños en órganos tan importantes como el corazón, el cerebro, los riñones o la retina (una delgada capa de células dentro de los ojos que permiten la visión). El daño puede ser de tipo agudo y repentino por una elevación brusca e intensa de la presión arterial. Pero también puede haber un daño crónico, o sea, lento y a largo plazo, muchas veces con pocos síntomas o incluso hasta sin ningún malestar.

Algunos hipertensos se confían y hasta abandonan el tratamiento alegando que «…no se sienten nada…». Pero incluso aunque no sufran ningún síntoma, las presiones elevadas les puede ir afectando poco a poco al organismo. De esa manera el día en que lleguen a sentirse algún malestar puede ser ya demasiado tarde. Para ese momento quizás tengan complicaciones graves, peligrosas o con secuelas permanentes y discapacitantes como la insuficiencia renal, la insuficiencia cardíaca, pérdida de visión, afectación de la función sexual eréctil o problemas cognitivos como trastornos de la memoria y la concentración, entre muchos otros.

La hipertensión arterial puede afectar a los órganos por diversas vías, pero lo más común es que ocurra mediante la afectación de sus arterias. Las arterias son los conductos por donde circula la sangre llevando oxígeno y nutrientes hasta los órganos. Las arterias sanas son flexibles y elásticas con un revestimiento interior liso para que la sangre fluya con facilidad. Pero el aumento de la presión hace que las arterias se enfermen y se vayan poniendo duras o rígidas y estrechas, así como con un interior áspero que dificulta la circulación de la sangre.

Cuando a los órganos les deja de llegar la suficiente cantidad de sangre oxigenada y nutrientes, empiezan a funcionar mal hasta que se dañan de manera permanente. Es así como se producen enfermedades como la angina de pecho o cardiopatía isquémica, también conocida como insuficiencia coronaria, así como las isquemias e infartos cerebrales.

Pero mientras que la mayor parte de las arterias se ponen duras y estrechas, en otros sitios del cuerpo la presión constantemente elevada puede debilitar las paredes arteriales y formar aneurismas. Las dilataciones aneurismáticas son una especie de «globitos» o «saquitos» con paredes afinadas que se forman en las arterias y que si se revientan pueden provocar peligrosas hemorragias internas en órganos delicados como el cerebro. Esa es la causa de los temidos accidentes cerebrovasculares hemorrágicos, popularmente conocidos como «derrame cerebral» .

¿Cómo puedo disminuir la probabilidad de llegar a ser hipertenso?.

  • Sigue una dieta saludable, baja en azúcares y grasas saturadas. Evita el exceso de sodio (sal común).
  • Practica ejercicio regularmente, al menos 3 veces por semana durante 45 a 60 minutos.
  • Controla tu peso corporal manteniendo un índice de masa corporal (IMC) entre 18.5 y 24.9, así como una circunferencia abdominal por debajo de 102 cm si eres hombre y de 88 cm en caso de ser mujer.
  • Evita fumar y el exceso de bebidas alcohólicas.
  • Duerme lo suficiente para tu edad.
  • Mantén bajo control los niveles de acido úrico colesterol y triglicéridos en sangre.
  • Sigue el tratamiento y mantén bajo control otras enfermedades como la diabetes y los trastornos de la glándula tiroidea.
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Doctor Aldo Santos, cardiologo

Redactado por: Dr. Aldo M. Santos, cardiólogo, MSc.

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ADVERTENCIA: Este artículo solo tiene fines educativos y en ningún caso puede sustituir la atención médica con un profesional calificado.

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