El corazón ¿no duele?

dolor en el pecho por infarto miocardico

Hay creencias tan difundidas que terminan pareciendo verdades. Una de ellas es esa que dice que “el corazón no duele”. ¿La has escuchado? Seguramente sí. Tal vez incluso de boca de algún médico. El problema es que esa afirmación no es cierta. Y como muchas otras falsas creencias, puede tener consecuencias muy, pero muy graves.

Pero… ¿duele o no duele?

La respuesta corta es un sí, el corazón sí puede doler. Es cierto que no siempre que nos duele el pecho es por un problema cardíaco. Sin embargo, el dolor precordial o precordialgia, como le llaman los médicos al dolor en la región anterior del tórax, puede ser una señal de alerta de un serio problema de salud cardiovascular. Tal es el caso de una angina de pecho por insuficiencia coronaria o de su complicación más grave: el infarto cardíaco.

También puede deberse a una situación de extrema urgencia con necesidad de cirugía urgente como una disección aórtica. Otras veces puede ser por una pericarditis o inflamación del pericardio que es una membrana que recubre al corazón. También puede haber dolor en el pecho durante algunas taquiarritmias y en el curso de una emergencia hipertensiva. O sea, el dolor en el pecho puede ser un grito desesperado de tu corazón pidiendo ayuda.

Sin embargo tampoco podemos pasar por alto que no siempre las enfermedades del corazón provocan dolor en el pecho. Sí, así como lo lees: algunas personas pueden sufrir un infarto sin llegar a experimentar dolor, o solo tener ligeras molestias en el pecho. En ciertos casos el infarto agudo del miocardio en lugar de dolor puede provocar malestares como debilidad, falta de aire, sudoración o desmayos.

dolor en el pecho

El dolor en el pecho no siempre es del corazón

Sí como, ya hemos dicho, no todo dolor en el pecho es de origen cardíaco. A veces solo se trata de una contractura muscular (por ejemplo después de cargar un peso o hacer un movimiento brusco). Otras veces es por la inflamación de los cartílagos que unen las costillas con el esternón, algo que los médicos llaman costocondrítis o síndrome de Tietze.

También nos puede doler el pecho por una neuralgia o irritación de los nervios que van por el borde inferior de cada costilla. No es raro que un dolor torácico se deba a problemas pulmonares como una neumonía, o por enfermedades digestivas. Así mismo, se sabe que la ansiedad puede ser una de las causas más frecuentes de dolor en el precordio.

Pero aunque el dolor de pecho pueda ser también provocado por enfermedades no cardíacas, tampoco quiere decir que algunas no lleguen a ser peligrosas al punto de poner en peligro la vida y necesitar una atención de emergencia. Tal es el caso de enfermedades como el tromboembolismo pulmonar y el neumotórax.

En resumen: no siempre que duele el pecho es por un problema cardiaco, pero aunque no sea por una enfermedad del corazón, el dolor torácico a veces puede ser señal de algo grave que necesite atención médica inmediata.

Si sufres un dolor en el pecho, lo más prudente es acudir al médico, preferentemente con un cardiólogo. Esto es particularmente importante si el dolor es intenso, prolongado o se acompaña de otros síntomas como dificultad para respirar, palpitaciones, sudoración abundante, palidez, frialdad, náuseas y mareos o síncope.

10 SEÑALES PARA ACUDIR RÁPIDO CON EL CARDIÓLOGO:

1) DOLOR EN EL PECHO o la boca del estómago que se corre al cuello, la mandíbula, los hombros o la espalda y que aparece con el esfuerzo, el estrés o durante las relaciones sexuales.
2) HORMIGUEO O CALAMBRE que se irradia al brazo izquierdo. A veces más bien una sensación de fatiga o debilidad en ambos brazos.
3) SUDORACIÓN FRÍA y abundante, especialmente si se acompaña de dolor torácico. Sensación de angustia.
4) CAMBIOS DE COLORACIÓN como palidez, uñas moradas o cara roja.
5) AHOGOS y dificultad para respirar, o tos seca persistente.
6) CANSANCIO sin causa aparente.
7) PALPITACIONES fuertes, rápidas o latidos irregulares.
8) INFLAMACIÓN en las piernas.
9)
MAREOS O DESMAYOS con pérdida del conocimiento (síncope).
10)PRESIÓN ARTERIAL alta (más de 125/85 mmHg) o muy baja (menos de 90/50 mmHg).

¡ATENCIÓN! lo mejor es acudir a chequeos preventivos periódicos en lugar de esperar a que aparezca alguno de estos síntomas.

De la vida real:

Hace unos años atendí a un paciente de 52 años, comerciante, que llegó a urgencias con dolor en el pecho. Su esposa lo había convencido, a regañadientes, de ir al hospital a pesar de que él decía que:
“Esto ya me ha pasado antes, doctor. Debe ser que he cogido un gas y seguro en un rato se me alivia. A mí siempre me han dicho que el corazón no duele…”

Pues le hicimos un electrocardiograma y otros exámenes ¿y qué creen?: era un infarto miocárdico en curso. Afortunadamente, gracias a Dios y a su esposa hoy está vivo para contarlo. Y créanme que ya no repite esa frase.

El peligro de creer que el corazón no duele

Esta creencia es peligrosa porque puede minimizar un síntoma importante y retrasar la búsqueda de atención médica oportuna. En emergencias cardíacas, cada minuto cuenta, por eso las guías de práctica clínica recomiendan que ante todo dolor en el pecho nuevo o intenso, especialmente si dura más de 5 minutos, se solicite ayuda de inmediato: llama al 911 o ve a urgencias. No esperes para ver si «se te alivia solo».

¿Y por qué se repite tanto ese mito?

Quizás el origen del mito es que el corazón, como órgano muscular, tiene pocas terminaciones nerviosas en comparación con otras partes del cuerpo. Pero eso no significa que no pueda doler cuando está sufriendo un daño o injuria. Las causas del dolor pueden ser diversas como la falta de oxígeno (isquemia), la inflamación del pericardio, o la sobrecarga de trabajo.

Sin embargo, con toda probabilidad la principal razón por la cual se ha extendido el mito de que “el corazón nunca duele” es el intento de algunos médicos de tranquilizar a sus pacientes. A menudo, cuando alguien siente un dolor en el pecho, la primera reacción es el pánico. Y, en un intento de calmar esa ansiedad, algunos profesionales de la salud en lugar de detenerse a explicarles que en su caso ese dolor no es de origen cardiaco, ven más fácil decirles que “el corazón no provoca dolor”.

Dolores en el pecho que no debes ignorar

Imagina que tú o alguien cercano, experimentan alguna de estas situaciones:

  • Subes las escaleras de tu casa y sientes un dolor opresivo en el pecho, acompañado de fatiga y sudor frío.
  • Estás teniendo relaciones sexuales y sientes una apretazón en el pecho y dificultad para respirar.
  • Mientras ves una película, de repente sientes un dolor que se irradia al cuello, mandíbula o brazo izquierdo.
  • En medio de tu práctica deportiva aparece una dificultad para respirar o un dolor en el pecho, la espalda, el cuello o la boca del estómago.
  • Te despiertas en la madrugada con una molestia rara en el pecho, como una presión que no te deja volver a dormir y se acompaña de náuseas.

Ninguna de estas situaciones debe ignorarse y lo más prudente es que acudas a una consulta de cardiología. Pero si los síntomas son muy intensos vete de inmediato al departamento de emergencias más cercano. En medicina, más vale una falsa alarma que un lamento tardío.

Escucha a tu cuerpo (y no a los mitos)

El corazón sí puede doler y aunque no todo dolor en el pecho es de un origen cardíaco, siempre que ese síntoma aparezca debe prestársele atención. Así que la próxima vez que escuches eso de que “el corazón no duele” ya sabes qué responder. Y si eres tú quien siente algo extraño en el pecho, busca un cardiólogo porque es mejor evitar que tener que lamentar.

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Autora: Dra. Karla Aquino, cardióloga clínica.

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ADVERTENCIA: Este artículo solo tiene fines educativos y en ningún caso pretende sustituir la atención médica por un profesional calificado y debidamente certificado..

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Los latidos que me robó un INFARTO CARDÍACO

lo que nos arrebató un infarto

Mi abuelo Miguel falleció con apenas 52 años. Él fue una de las más de 15 millones de personas que cada año pierden la vida por un infarto cardíaco. Al momento de su deceso yo tenía apenas unos meses de nacido, pero siempre he sabido del dolor por todo lo que con él perdió nuestra familia.

Sí, mi abuelo era alguien muy especial y todo el que lo conoció solo puede hablar de bondad, su laboriosidad, el amor por los suyos y su enorme sonrisa. Pero un día todo eso nos lo arrebató un infarto en el corazón. Mi abuelo era tan bueno como terco y se resistió a acudir al médico a pesar de que hacía algún tiempo sentía dolores en el pecho.

Ahora quiero que ni tú ni tu familia sufran lo mismo. Por eso te pido que leas esto y hagas todo para evitarlo.

¿Qué son los infartos cardíacos?

El infarto cardíaco, también conocido como infarto agudo del miocardio (IAM) o ataque cardíaco (en inglés: “heart attack”)  es una temida complicación que consiste en que literalmente se nos muere un pedazo del corazón. Aproximadamente la mitad de los pacientes que sufren un infarto cardiaco fallecen en los primeros 28 días. Pero lo más impactante es que 3 de cada 4 de esas muertes, ocurren en las primeras 24 horas luego del inicio de los síntomas.

Ya te hemos explicado en otro artículo de este sitio que las arterias coronarias son las que alimentan y mantienen vivo al corazón. En efecto, las coronarias son una especie de “mangueritas” o “tubitos” por donde circula la sangre con nutrientes y el oxígeno que le sirve de combustible al músculo cardíaco o miocardio. Pero cuando esas arterias se tapan o bloquean se interrumpe el suministro de oxígeno a las células miocárdicas, y entonces ellas sufren hipoxia que es una especie de “asfixia” y… ¡empiezan a morir!

No, no has leído mal: en un infarto miocárdico agudo ocurre una muerte o “necrosis” de una parte del corazón y de esa forma se afecta su capacidad para funcionar adecuadamente y bombear la sangre hacia todo el cuerpo. Cuando la zona infartada es muy pequeña la persona puede que no tenga muchos síntomas, o incluso quizás no llegue a sentir nada. Esto es lo que algunos llaman un infarto cardiaco silente.

Arterias coronarias: el corazón bombea sangre con oxígeno y nutrientes hacia todo el cuerpo. Pero también se nutre a sí mismo a través de las coronarias. Toca la imagen y accede a un vídeo explicativo.
Arterias coronarias: el corazón bombea sangre con oxígeno y nutrientes hacia todo el cuerpo. Pero también se nutre a sí mismo a través de las coronarias. Toca la imagen y accede a un vídeo explicativo.

En cambio, si la región infartada es grande, entonces el paciente puede desarrollar eventos graves como arritmias o insuficiencia cardíaca. Esas complicaciones pueden poner en peligro la vida o dejar importantes secuelas y discapacidad permanente. Un infarto del miocardio puede interferir con el normal desarrollo de las actividades de la vida diaria, así como con el desempeño laboral y sexual.

Pero… ¡que no cunda el pánico! los infartos puede evitarse y aquí te explicaremos cómo. No obstante, si ya sufriste uno debes saber que los pacientes con un ataque al corazón gracias a los avances médicos en el campo de la farmacología y otras tecnologías, actualmente tienen mayores probabilidades de recuperar su estado de salud anterior y lograr llevar una vida normal. En efecto, si mi abuelo hubiese contado con los recursos que tenemos hoy, quizás aún pudiésemos reír juntos.

Es importante aclarar que los infartos no solo ocurren en el corazón, otros órganos también pueden sufrir este peligroso fenómeno. Además de los cardíacos, unos de los más frecuentes y temidos son los infartos cerebrales. Sin embargo, sus causas son muy similares, de modo que la prevención tiene puntos en común.

¿Angina de pecho? ¡Alerta de infarto!

Usualmente el inicio de esta tragedia no es el día en que ocurre el infarto cardiaco sino mucho antes: con el inicio de la enfermedad coronaria aterosclerótica. Sucede que las arterias coronarias pueden irse poco a poco tapando con grasas como el colesterol y los triglicéridos. Las grasas se van depositando en las paredes de las arterias provocando una inflamación local, en un proceso llamado “aterosclerosis”. De esa forma, la arteria se estrecha progresivamente llegándole cada vez menos sangre oxigenada al miocardio y provocando la enfermedad isquémica del corazón.

aterosclerosis y coronarias tapadas
Arteriosclerosis coronaria: la arteria se va estrechando progresivamente por grasa que forma una especie de «costra» dura en sus paredes llamada placa de ateroma.

Al principio, la también conocida como “cardiopatía isquémica”, “insuficiencia coronaria” o “arteriopatía coronaria”, puede que no provoque ningún síntoma importante. Pero cuando la enfermedad avanza algunas personas empiezan a tener molestias o dolor en el pecho en forma de una opresión, sobre todo durante la actividad física o las emociones intensas. A este síntoma se le llama “angina de pecho” o “dolor anginoso” y puede ser un signo premonitorio de un infarto cardíaco, o sea una importante señal de alarma.

El dolor anginoso usualmente aparece en el centro del pecho cuando se está haciendo algún esfuerzo o teniendo relaciones sexuales y desaparece de inmediato con el reposo. También puede aparecer luego de hacer una comida abundante y ante un susto o un episodio de ira. Este dolor puede ser fijo o correrse hacia el cuello, la mandíbula, la espalda o hacia los hombros. También se puede irradiar a los brazos, sobre todo al izquierdo en forma de un calambre u hormigueo.

A veces la angina se acompaña de otros síntomas como sudoración, frialdad y palidez de la piel, sensación de fatiga o agitación y cierta dificultad para respirar. Es importante señalar que algunas personas no sienten dolor sino que solo experimentan estos otros síntomas que hemos descrito antes y que los médicos suelen llamar “equivalentes anginosos”. Si estás teniendo dolor en el pecho o alguno de estos malestares no lo pienses más y busca cuanto antes atención médica con un cardiólogo.

No obstante, es oportuno señalar que una persona con cardiopatía isquémica no siempre termina desarrollando un infarto del miocardio. Muchos pacientes con obstrucciones coronarias y que incluso han experimentado síntomas anginosos, nunca llegan a sufrir un ataque cardíaco. Esto es más factible en aquellos que a pesar de sufrir una insuficiencia coronaria, logran modificar radicalmente su estilo de vida (dejar de fumar, bajar de peso, controlar la hipertensión y la diabetes).

También es menos probable que desarrollen un infarto los pacientes con enfermedad isquémica del corazón que se someten a procedimientos de intervencionismo coronario por catéter, así como los que cumplen con la medicación y siguen las orientaciones médicas.

Y… ¿cómo se produce un infarto del miocardio?

Aquellas personas con cardiopatía isquémica en las que el proceso de arterioesclerosis coronaria sigue progresando, desafortunadamente si pueden terminar evolucionando a un infarto miocárdico.

Por lo general el infarto ocurre cuando las placas de grasa calcificada que es una especie de “costra” en las paredes de sus arterias coronarias se rompen o fisuran. Esto provoca que se active el mecanismo de la coagulación sanguínea y se forme un trombo o coágulo de sangre que puede tapar por completo la arteria, interrumpiendo el flujo sanguíneo. Si esto pasa, entonces la persona desarrolla un infarto agudo del miocardio y el dolor en el pecho se hace intenso y persistente, o sea que ya no se alivia con el reposo.

Inicio del infarto: si la placa de ateroma se rompe o fisura, el organismo reacciona formando un trombo, el cual puede acabar taponeando la circulación por la arteria.
Inicio del infarto: si la placa de ateroma se rompe o fisura, el organismo reacciona formando un trombo, el cual puede acabar taponeando la circulación por la arteria.
Sin oxígeno no hay vida: la interrupción del flujo de sangre por una arteria coronaria hace que a las celulas miocárdicas les falte oxígeno y empiecen a morir.
Sin oxígeno no hay vida: la interrupción del flujo de sangre por una arteria coronaria hace que a las celulas miocárdicas les falte oxígeno y empiecen a morir.

Menos comúnmente, la causa de un infarto miocárdico puede ser un espasmo o estrechamiento momentáneo de una arteria coronaria provocado por ejemplo por un estrés emocional intenso, o por el consumo de ciertas drogas como la cocaína que provocan vasoconstricción. También una causa poco frecuente de ataque cardiaco puede ser una embolia, que consiste en un coágulo que se forma dentro de las cavidades del corazón y desde allí viaja, entra en una coronaria y tapa el flujo sanguíneo.

Sea por la causa que sea, cuando deja de llegar la sangre a una zona del miocardio se desarrolla un fenómeno conocido como “isquemia”, o sea una especie de “asfixia” que daña a las células miocárdicas (también llamadas miocardiocitos). Sin oxígeno, estas empiezan a morir por miles, y este número aumenta con cada minuto que pasa. Pero si se logra detectarlo y tratarlo rápidamente, entonces se reduce la cantidad de células muertas, lo cual hace que el infarto sea más pequeño y tenga mejor evolución y pronóstico.

Cuando el diagnóstico y el tratamiento se retrasan (porque la persona demora en acudir al médico, o en el hospital no actúan con rapidez) entonces la zona infartada termina siendo mucho más grande. Sí, por eso cada minuto cuenta. Y entre más extenso sea el infarto, mayor será la probabilidad de que aparezcan complicaciones graves con peligro de muerte, o de quedar con una insuficiencia cardiaca y discapacidad permanente. Esto determina lo crucial de hacer el diagnóstico e iniciar el tratamiento del infarto lo más rápido posible.

Si el paciente sobrevive en la zona del infarto ocurre un proceso de cicatrización en el que el tejido muscular es sustituido por una cicatriz fibrótica. El problema es que al perderse tejido muscular, el corazón pierde capacidad para contraerse y relajarse, afectándose su función de bombeo. En algunos pacientes esto puede desembocar en una insuficiencia cardíaca.

¿Cuáles son los síntomas del infarto o ataque cardíaco?

Cada persona puede experimentar los síntomas de un infarto de una manera diferente. Incluso en algunas personas un infarto puede cursar sin ningún síntoma y descubrirse por casualidad días o meses después en un electrocardiograma de rutina.

Los síntomas más frecuentes de un infarto miocárdico agudo son:

El sintoma más caracteristico del infarto cardiaco es un dolor intenso en el pecho.
  • Dolor en el pecho: Por lo general es de inicio repentino y de empeoramiento rápidamente progresivo. Puede sentirse como un dolor muy intenso, usualmente en el centro del pecho o la “boca del estómago”. Los pacientes suelen describirlo como una sensación de compresión o de tener un gran peso encima del pecho. El dolor puede ser fijo o correrse o irradiarse hacia el brazo izquierdo o ambos brazos, a los hombros, al cuello, la mandíbula o la espalda. Sin embargo, algunas personas lo que sienten es una sensación de “ardor” que pueden confundir con una indigestión. En cambio otros no sienten ningún tipo de dolor y en su lugar solo experimentan alguno de los otros síntomas.
  • Dificultad para respirar: La sensación de “ahogo” o de “falta de aire”, que empeora al realizar algún esfuerzo o al acostarse, es un síntoma común de los ataques cardiacos.
  • Sudor frío: Sensación de humedad y frío en la piel que a veces se experimenta como un sudor pegajoso.
  • Náuseas: El deseo de vomitar es un síntoma frecuente que puede estar acompañado de una sensación de malestar general. En ocasiones llegan a ocurrir vómitos. A veces también se acompaña con deseos de defecar.
  • Mareos, debilidad o desmayos: La persona con un infarto puede tener mareos,   decaimiento o problemas del equilibrio. En algunos pacientes el único síntoma es la pérdida de la conciencia en forma de síncope.
  • Palpitaciones: El paciente puede sentir latidos fuertes, rápidos o desordenados. Un infarto miocárdico agudo puede cursar con diversas arritmias, tanto lentas (taquicadias o bradiarritmias) como también rápidas (taquicardias o taquiarritmias). Algunas de ellas pueden ser bastante peligrosas ya que pueden desencadenar una parada cardio-respiratoria.

Es importante señalar que los síntomas del infarto pueden ser algo diferentes en las mujeres respecto a los hombres. En lugar del típico dolor en el centro del pecho, algunas féminas a veces solo sienten una especie de “ardor” en la región superior del abdomen que puede ser confundido con un malestar estomacal. También en lugar de dolor, pueden sufrir solo náuseas, mareos o sudoración.

Pero no solo en algunas mujeres se pueden pasar por alto los síntomas que indican que están sufriendo un ataque al corazón. También otras personas con algunos problemas de salud es posible que puedan llegar a sufrir un infarto cardiaco sin que sientan el característico dolor. Tal es el caso de sujetos de muy avanzada edad, diabéticos, alcohólicos y adictos a sustancias estupefacientes, asi como personas bajo tratamiento con psicofármacos.

¿Cómo se detecta un infarto agudo del miocardio?

El diagnóstico de un infarto miocárdico agudo, ante todo depende de un médico que sea capaz de interrogar y examinar adecuadamente al paciente. Muchas veces con solo escuchar la descripción de los síntomas y hacer algunas preguntas, cualquier médico debidamente capacitado puede sospechar un infarto, incluso sin ser cardiólogo.

Los estudios más importantes para diagnosticar un infarto son:

Exámenes de laboratorio: Para confirmar el diagnóstico del infarto, el médico debe realizar ciertos análisis de sangre, sobre todo la determinación de algunos biomarcadores de daño miocárdico como las troponinas y el nivel de ciertas enzimas. Usualmente estos exámenes de sangre se repiten cada cierta cantidad de horas para evaluar su comportamiento progresivo. También los exámenes de laboratorio incluyen un hemograma, pruebas para determinar el nivel de azúcar en sangre (glicemia) y para evaluar el funcionamiento de otros órganos como los riñones.

Electrocardiograma (ECG): es un examen esencial en toda persona que acude a un centro médico con dolores en el pecho o algún otro síntoma que haga sospechar un infarto miocárdico agudo. En muchos pacientes el ECG es suficiente para establecer el diagnóstico, sin embargo en algunas personas el electro puede ser completamente normal, o solo tener alteraciones sutiles e inespecíficas, o de aparición tardía. En reumen: un electro normal o con alteraciones mínimas no descarta por completo que la persona esté desarrollando un infarto. Por eso ante la sospecha, puede ser necesario mantener el paciente en observación y hacerle varios ECGs cada cierto tiempo.

Ecocardiograma doppler: Es una ecografía del corazón, o sea un estudio no invasivo que permite evaluar el estado del funcionamiento cardiaco. En el curso del infarto puede ser de mucha utilidad para estimar la cantidad de miocardio afectado y sobre todo para detectar algunas de sus principales complicaciones.

Radiografía de tórax: Sirve para determinar si la persona tiene agrandado el corazón y si hay edema pulmonar (líquido en los pulmones).

Angiografía coronaria: la también llamada coronariografía es un procedimiento por catéter que ayuda a identificar la arteria coronaria responsable, o sea la que lo ha ocasionado al ella taparse. También en muchos casos puede servir para realizar un procedimiento denominado “angioplastia” mediante la cual se puede destapar la obstrucción y hacer que de nuevo le llegue sangre oxigenada al miocardio afectado (reperfusión). Esto hace que la zona infartada termine siendo mucho menor, y así mejore el pronóstico del paciente, además de acelerarse su recuperación. Sin embargo este procedimiento para que sea realmente efectivo tiene que realizarse en las primeras horas de iniciado del infarto.

¿Porqué los infartos cardíacos son tan peligrosos?

Un infarto puede provocar diversas complicaciones, algunas de ellas con peligro para la vida. Es por eso que siempre que se diagnostica un infarto el paciente debe ser hospitalizado, de ser posible en una unidad de cuidados intensivos coronarios bajo un estrecho monitoreo. Esto es muy importante, incluso aunque la persona en apariencia se encuentre estable y se sienta mejor. Dentro de las complicaciones a evitar se encuentran:

  • Insuficiencia cardíaca: Es un estado en que el corazón es incapaz de cumplir adecuadamente con su función de bombear sangre hacia el resto de los órganos. En el infarto, al morir las células de una parte del músculo cardiaco, se disminuye su capacidad para contraerse y eso puede llevar a una insuficiencia cardiaca.
  • Arritmias: Un infarto miocárdico agudo puede provocar diversas alteraciones del ritmo cardíaco, ya sea ritmos rápidos (taquicardias) como la fibrilación atrial, o los bloqueos y latidos lentos (bradicardias). Las más temidas son las llamadas “arritmias malignas” como la taquicardia ventricular y la fibrilación ventricular. Estas últimas son una forma de paro cardiaco y conducen en pocos minutos a la muerte si la persona no es tratada de manera rápida y efectiva con maniobras de reanimación cardiopulmonar.
  • Ruptura cardíaca: El infarto puede debilitar la pared del corazón y hacer que se rompa. Este es un evento grave que a su vez puede desencadenar otras complicaciones como un taponamiento cardiaco y la muerte.
  • Aneurisma ventricular: En ocasiones el debilitamiento de la pared cardíaca hace que esta se afine y dilate formando un aneurisma ventricular.
  • Tromboembolismos: La disminución de la contractilidad en la zona del infarto puede hacer que se formen trombos o “coágulos” dentro del corazón, los cuales pueden desprenderse y viajar hasta tapar arterias en otros órganos. De esa forma se puede afectar la circulación de sangre en regiones del cerebro provocando un accidente cerebro-vascular (ACV).
  • Derrame pericárdico: Luego del infarto puede acumularse líquido en el pericardio que es una especie de “saco” que rodea y protege al corazón. Si el volumen del derrame pericárdicoes importante, o si se acumula muy rápidamente puede comprimir el corazón y generar complicaciones o incluso la muerte.
  • Muerte súbita: En los casos más graves de insuficiencia cardíaca, arritmias ventriculares o ruptura del corazón puede ocurrir una muerte súbita cardíaca. Desafortunadamente algunas personas con un infarto cardiaco aparecen muertas o fallecen antes de llegar al hospital, es lo que popularmente se conoce como “infarto fulminante”.

¿Cuál es el tratamiento del infarto cardiaco?

El tratamiento del infarto debe iniciarse cuanto antes una vez haya sido diagnosticado. Entre más rápido se inicie el tratamiento, más celulas miocardicas se salvarán de morir y por tanto la zona infartada será menor y el paciente podrá recurperarse más rápido e incorporarse a su vida normal. Las principales pautas de tratamiento de un infarto agudo del miocardio son:

  • Medicamentos: En el infarto se usan diversos fármacos con muy diversos fines: disolver el coágulo, reducir el dolor, aliviar la ansiedad y prevenir complicaciones. Dentro de los medicamentos más importantes se encuentran los trombolíticos o fibrinolíticos. Estos fármacos son capaces de disolver los trombos que están tapando las arterias, algo que puede tener un impacto crucial en la evolución del paciente. Sin embargo, este tipo de medicamentos son solo útiles cuando se administran durante las primeras horas del infarto, de ahí la importancia de llegar lo más pronto posible a un hospital. Otros medicamentos útiles en el infarto son los anticoagulantes y los antiagregantes plaquetarios como el Clopidogrel (Plavix® o Troken®) y el Ácido Acetil Salicílico (Cardioaspirina®, Blaqueta®, Antiplac® o ASA®).
  • Angioplastia coronaria: Es una intervención que busca destapar la arteria coronaria obstruida. Se realiza mediante un catéter que se introduce por una arteria del brazo o de la ingle y se desliza hasta el corazón. Allí se identifica la arteria bloqueada y se trata de abrirla colocando un dispositivo llamado stent. Pero este procedimiento es verdaderamente útil solo si se realiza durante las primeras horas del infarto. Si quieres saber más detalles, puedes consultar este otro artículo en nuestra web.
  • Cirugía de bypass: En ciertos casos es imposible destapar la coronaria mediante un intervencionismo con catéter. En algunos de esos pacientes se pueden utilizar una cirugía que consiste en hacer un puente o bypass que se salte la zona donde la coronaria está tapada. Esos “puentes” o “derivaciones” restablecen la circulación de la sangre con oxígeno hacia las zonas del miocardio afectado.
angioplastia
Angioplastía coronaria: se introduce un catéter con el stent o «muellecito» colapsado acoplado a un baloncito o «globito». Al inflar el balón se expande el stent y se destapa la arteria.

Rehabilitación postinfarto: recuperando tu vida.

Luego de sufrir un infarto agudo del miocardio (IAM) en muchos casos es posible lograr una recuperación prácticamente total. En efecto, el paciente que ha sufrido un IAM puede aspirar a tener una vida normal, sin mayores limitaciones laborales, físicas o sexuales. Pero para lograrlo es muy importante iniciar un proceso terapéutico de rehabilitación cardiovascular.

La rehabilitación postinfarto es un programa integral diseñado para ayudar a los pacientes a recuperarse física y emocionalmente. Por lo general este tipo de programas incluyen:

a) Ejercicio supervisado para mejorar el condicionamiento miocárdico, estimular la circulación colateral coronaria y la suplantación de la función contráctil por otras zonas del miocardio no afectadas por el infarto.

b) Educación sobre hábitos saludables, como una dieta equilibrada y dejar de fumar para evitar la progresión de la enfermedad coronaria.

c) Apoyo psicológico para manejar la ansiedad y el estrés o la depresión que pueden surgir tras el evento.

Estos programas suelen durar entre 8 y 10 semanas y es fundamental para prevenir futuros problemas cardiovasculares.

¿Qué puedo hacer para prevenir un ataque coronario?

Las personas con antecedentes de hipertensión arterial o diabetes mal controlada, con obesidad, historial de colesterol o triglicéridos elevados, asi como los que fuman o toman exceso de bebidas alcohólicas tienen muchas más probailidades de desarrollar un infarto. Para mantener tu corazón saludable y reducir el riesgo de un ataque cardíaco, estas son algunas recomendaciones prácticas y basadas en la evidencia científica:

Evita el tabaco, el exceso de alcohol y otras drogas:

No fumes ni uses productos de tabaco, incluyendo cigarrillos electrónicos o vapeo. También protege a tu corazón evitando el humo de segunda mano, evita ser eso que llamamos un «fumador pasivo». También es muy importante evitar el exceso de bebidas alcohólicas. Así mismo, el cosumo de drogas como la cocaina es una de las principales causas de infarto cardiaco en adultos jovenes con arterias coronarias normales.

Monitorea y mantén estable tu presión arterial:

Mantén tu presión arterial idealmente por debajo 120/80 mmHg. Si sufres de presión alta, sigue las recomendaciones de tu médico para controlarla y cumple con la medicación. Está cientificamente demostrado que la hipertensión arterial es una de las principales causas de cardiopatía isquémica y síndrome coronario agudo.

Controla tus niveles de colesterol y triglicéridos:

Realiza análisis de colesterol regularmente. Todo adulto de mediana edad debería hacerse un chequeo de las grasas en la sangre al menos una vez al año. Pero si ya tienes cierta edad, en tu familia hay antecedentes de padecer del corazón, o si eres diabético o hipertenso, entonces necesitas chequeos más frecuentes. Si tienes el colesterol total por encima de 160 mg/d, y/o el colesterol «malo» LDL por encima de 100 mg/dL y/o el colesterol «bueno» HDL por debaho de 40 mg/dL para hombres, entonces la probabilidad matemática de que desarrolles una enfermedad coronaria y termines sufriendo un infarto es mucho mayor.

Gestiona tus niveles de azúcar en sangre:

Mantén el azúcar en sangre en ayunas por debajo de 100 mg/dL. Para una medida más a largo plazo, es importante la evaluación con un exámen de sangre llamado hemoglobina glicosilada (HbA1C ó A1C). Lo deseable es que sea menor de 5.7% tanto en diabéticos como en no diabéticos.

Adopta una dieta cardio-saludable:

Consume alimentos bajos en grasas saturadas y trans, limita el sodio (sal) y evita los azúcares añadidos, también los alimentos ultraprocesados. Incorpora frutas, verduras, granos integrales, proteínas magras y grasas saludables como las del aceite de oliva o los frutos secos.

Mantén un peso adecuado:

Evita o combate la obesidad. Debes hacer todo lo posible por mantener tu Índice de Masa Corporal (IMC) entre 18.5 y 24.9, lo cual se considera dentro del rango saludable.

Mantente activo:

Realiza cada semana al menos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada (como caminar a paso rápido) o 75 minutos de actividad intensa, o una combinación de ambas. También es muy útil que puedas hacer ejercicios para tonificar y mejorar la masa muscular.

Cuida tu sueño:

Asegúrate de dormir entre 7 y 9 horas cada noche y tener una adecuada calidad del sueño. Un buen descanso nocturno es vital para la salud de tu corazón y reduce el estrés que puede afectar negativamente tu sistema cardiovascular. Si te han dicho que roncas mucho y de forma irregular, sufres muchas pesadillas, te despiertas con facilidad o tienes despertares súbitos con sensación de ahogo o palpitaciones, es posible que estés sufriendo una apnea del sueño. Comenta estos síntomas con tu médico y él te indicará que hacer.

Acude a chequeos médicos regulares:

Acude a tus revisiones médicas regulares. Estas visitas permiten detectar y tratar problemas de salud a tiempo, incluyendo aquellos que pudieran afectar a tu corazón. Si ya padeces una cardiopatia isquemica es importante que tengas citas periódicas con un buen cardiólogo.

Cumple con tu tratamiento médico:

Si te han prescrito medicamentos para controlar factores de riesgo como la presión arterial alta, colesterol o diabetes, tómalos conforme a las indicaciones de tu médico.

Aprende a controlar el estrés:

Aprende técnicas de manejo del estrés como la meditación, el yoga o sencillamente encontrar tiempo para actividades que disfrutes. El estrés crónico puede contribuir a enfermedades del corazón.

Todas estas medidas no solo ayudan a prevenir ataques cardíacos, sino que también promueven una vida más larga y saludable. Recuerda que siempre será mejor prevenir que tener que sufrir y lamentar.

¿Qué debo hacer si sospecho que estoy sufriendo un infarto cardíaco?

Si sospechas que estás teniendo un ataque al corazón, es vital actuar con rapidez. Recuerda que cada minuto cuenta en estas situaciones.

  1. Llama al número de emergencias inmediatamente: ¡No demores! si tienes un dolor extraño en el pecho que dure 5 minutos o más, ve de inmediato al médico o llama pidiendo ayuda. En el infarto cardiaco es crucial la actuación rápida a fin de salvar la mayor cantidad posible del músculo cardíaco.
  2. Quédate tranquilo: Evita agitarte, gritar o hacer esfuerzos. La ansiedad puede empeorar la situación. Mientras llega la ayuda, muévete lo menos posible y descansa en una posición cómoda.
  3. Toma Aspirina: Si tu médico te lo ha indicado y no eres alérgico puede ser muy útil que tomes o mastiques 300 mg de Ácido Acetil Salicílico (Aspirina). Esto equivale a 3 tabletas de 100 mg.
  4. No comas ni bebas nada: Tener el estómago lleno podría dificultar algunos procedimientos médicos.
  5. Describe tus síntomas con claridad: Al llamar a emergencias, sé lo más preciso posible. También  
  6. Ten a mano tus documentos médicos: Es importante que tengas a mano y lleves al hospital tu información médica. Puedes tener una carpeta médica en la que estén los informes y resultados de tus exámenes, lo medicamentos que tomas y tus alergias, así como tus contactos de emergencia. Es muy útil incluir electrocardiogramas antiguos (incluso los que ya tengan meses o años). Para los médicos que te atiendan en el servicio de emergencias puede ser de muchísima utilidad poder comparar tu ECG actual con los previos.
  7. Acompaña a la persona: Si alguien a tu alrededor presenta síntomas sospechosos de un infarto agudo del miocardio, no lo dejes solo. Si es necesario, se tú quien de la voz de alerta, solicitando ayuda o notificando a otros familiares y personas cercanas.

Lo que mis pacientes preguntan:

¿Me puede repetir el infarto?

Sí, es posible que un infarto cardíaco repita y que sea con una mayor gravedad. Los factores de riesgo como la hipertensión arterial y la diabetes mal controladas, el colesterol alto y el tabaquismo pueden aumentar esa probabilidad. Por eso, es crucial seguir un tratamiento médico adecuado y adoptar un estilo de vida saludable para reducir el riesgo de que repita.

Después de sufrir un infarto cardíaco…

a) ¿Cuándo puedo regresar a mi trabajo?

El tiempo para regresar al trabajo varía según la gravedad del infarto y las condiciones del puesto laboral. Si el infarto no ha sido complicado, usualmente se puede volver a trabajar entre cuatro y seis semanas después del evento. Sin embargo, es importante que esta decisión sea evaluada por un médico cardiólogo, quien considere tanto la situación de salud del corazón como el tipo de específico trabajo que realiza el paciente.

b) ¿Cuándo podré tener relaciones sexuales?

Ante todo debemos tener en cuenta que las relaciones sexuales no solo implican una actividad física, sino que también incluyen una fuerte carga emocional. Los cardiólogos probablemente le puedan recomendar a la mayoria de sus pacientes que reanuden la actividad sexual entre cuatro y ocho semanas después del infarto, siempre y cuando el paciente se sienta bien y no tenga síntomas como dolor en el pecho o falta de aliento. En todo caso es prudente someterse previamente a una prueba de esfuerzo mediante la cual el cardiólogo podrá evaluar la respuesta del corazón a la actividad física y emitirle algunas recomendaciones.

Un detalle importante es que las personas que han sufrido un infarto, quizás estén usando ciertos medicamentos como el Mononitrato de Isosobida (Monobide®, Medocor®) que pueden interferir desfavorablemnete con fármacos para mejorar la erección como Sildenafilo (Viagra®), Vardenafilo (Levitra®), Tadalafilo (Cialis®, Invictus®, Durax®) u otros similares. Antes de usar cualquiera de estos medicamentos debes de consutarlo con tu cardiólogo. Si quieres saber más detalles sobre la actividad sexual en personas que tienen padecimientos cardíacos, te recomendamos que leas este otro artículo en nuestro sitio: El sexo y mi corazón… ¿podré o no podré?

c) ¿Cuándo estaré en condiciones de hacer deporte?

Eso depende de varios factores como el tipo y tamaño del infarto miocárdico y su evolución posterior. También influye si le realizaron una angioplastía o una cirugía de revascularización (bypass coronario). Así mismo, está en relación con el tipo de actividad física deportiva que se planea hacer. Hay mucha diferencia en la sobrecarga que implican para el corazón los deportes como el fútbol, el tenis o la natación respecto a otros como el golf. En todo caso, lo ideal es que el paciente primero se incorpore a un programa de rehabilitación cardiovascular progresiva, en el curso del cual se realizará una prueba de esfuerzo para evaluar la respuesta del corazón a la actividad física.

d) ¿Cuándo volveré a conducir mi auto?

Después de sufrir un infarto de miocardio, el tiempo que debes esperar para volver a conducir varía según tu situación médica y el tipo de intervención que hayas tenido. Aquí te damos unas pautas generales:

  • Infarto sin complicaciones: Si el infarto fue pequeño, tu corazón no ha quedado con insuficiencia cardiaca y no has tenido arritmias, probablemente puedas reanudar la conducción aproximadamente entre una y dos semanas después del ataque cardiaco.
  • Infarto con complicaciones: Si has tenido complicaciones como insuficiencia cardíaca o arritmias, lo más probable es que tu cardiólogo te oriente que no debes conducir hasta pasados uno a tres meses después del infarto.
  • Cirugía de revascularización: Si fuiste sometido a una cirugía de bypass o «puentes coronarios» es recomendable esperar al menos dos meses antes de volver a conducir. Para los conductores profesionales, este tiempo puede extenderse a unos tres meses.

No debes perder de vista que todas estas son solo unas recomendaciones generales. Es fundamental que consultes con su cardiólogo para obtener indicaciones personalizadas basada en tu estado de salud y tus riesgos asociados.

Mi juramento

Hoy tengo la  misma edad con la que perdimos a mi abuelo Miguel, y a mis 52 años comprendo toda la vida que aún tenía por delante y todo el tiempo que nos arrebató aquel infarto. Por eso quizás me hice cardiólogo y en memoria a él tengo una promesa: hacer todo lo posible para que ninguno de mis pacientes deje en su familia el vacío que la mía sufrió con su partida… ¡Ayúdame! ayúdame a cumplir mi juramento.

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Doctor Aldo Santos, cardiologo

Autor: Dr. Aldo M. Santos, cardiólogo, MSc.

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¿Qué es la ENFERMEDAD CORONARIA?

Se le llama “enfermedad coronaria”, “cardiopatía isquémica” o “insuficiencia coronaria” a una de las  patologías cardiovasculares más frecuentes y que más muertes provoca a nivel mundial.  

angina de pecho

Hablamos de la principal causa del infarto agudo del miocardio (IAM) y uno de los motivos más frecuentes de insuficiencia cardíaca, arritmias peligrosas y muerte súbita. Si alguien cercano a ti sufre de algún problema coronario, compártele este material porque seguro le va interesar.

¿Porqué se produce la enfermedad coronaria?

La enfermedad coronaria es mayormente provocada por la aterosclerosis. Esta consiste en un proceso inflamatorio de las paredes de las arterias originado por el depósito de grasas. Las arterias afectadas desarrollan en su interior una “placa ateromatosa” que es como una especie de “costra” que causa una progresiva obstrucción.

O sea que poco a poco se nos van “tupiendo” las arterias coronarias, lo cual dificulta el tránsito de la sangre con oxígeno y nutrientes hacia el musculo cardíaco (también conocido como “miocardio”). A la escasez de oxígeno se le dice “isquemia” y por lo general se manifiesta en forma de un dolor opresivo en el centro del pecho, clásicamente conocido como “angina de pecho”.

Son muchos los factores que favorecen el desarrollo de la aterosclerosis y con ello la aparición de enfermedad coronaria. La también denominada «cardiopatía isquémica» es usualmente provocada por una combinación de ellos a lo largo de un tiempo más o menos prolongado. A continuación te exponemos las principales causas para que aparezca y avance la aterosclerosis y problemas de salud como la insuficiencia coronaria.

Factores de riesgo para desarrollar enfermedad coronaria:  

Hipertensión arterial no controlada.
Diabetes mellitus mal controlada.
Hábito de fumar.
Consumo excesivo de alcohol o uso de ciertas drogas psicotrópicas.
Niveles anormales de colesterol y/o de triglicéridos en la sangre (algo que los médicos también llamamos dislipidemias o dislipoproteinemias).
Sobrepeso, obesidad o síndrome metabólico.
Sedentarismo, actividad física escasa.
Factores genéticos, predisposición de tipo hereditario.
Estrés intenso o prolongado.
Edad por encima de 55 años en los hombres y más de 65 años en las mujeres.
Factores genéticos de tipo hereditario.

A medida que avanza el proceso de aterosclerosis, las arterias coronarias se van tapando más y más hasta que a las células musculares del corazón ya no les llega el suficiente oxígeno ni los nutrientes para su adecuado funcionamiento. Entonces el músculo cardiaco deja de contraerse y relajarse adecuadamente, el corazón se va poniendo cada vez más débil y no puede bombear la sangre suficiente hacia el resto de los órganos. Esto puede llevar a un importante deterioro de su función que llamamos insuficiencia cardíaca.

¿Cómo se manifiesta la cardiopatía isquémica?

Se puede sospechar que existe una enfermedad coronaria por los síntomas que describe el paciente como dolor en pecho, la llamada “angina de pecho”. Este dolor usualmente es de carácter opresivo y de corta duración, aparece con el esfuerzo y se alivia con el reposo. En ocasiones también se acompaña de sudoración, palidez, fatiga, dificultad para respirar, palpitaciones o síncope.

En algunos casos, el dolor no es exactamente en el pecho, sino en la boca del estómago, el cuello, la mandíbula, los antebrazos o la espalda.  También la enfermedad coronaria puede cursar de forma completamente asintomática (isquemia miocárdica silente) o con otros síntomas diferentes al dolor como por ejemplo fatiga, palpitaciones y dificultad para respirar o desmayos.

Como ya hemos dicho, el dolor que provoca la enfermedad coronaria crónica aparece y se hace progresivamente más intenso cuando la persona realiza alguna actividad física por lo que también se le llama «angina de esfuerzo» o «angina estable crónica».

¿Y qué es un síndrome coronario agudo?

El síndrome coronario agudo (SCA) es un grupo de complicaciones de la enfermedad coronaria. Ocurre cuando la placa ateromatosa sufre una ruptura o fisura. Eso puede activar la formación de un coágulo o trombo dentro de la arteria coronaria y bloquear repentinamente el flujo de la sangre oxigenada de manera parcial o total.

Si la oclusión es parcial, aparece un dolor fuerte incluso estando la persona en reposo y a esto le llamamos «angina inestable aguda». Pero sin la oclusión es total y prolongada, entonces hay células del músculo cardíaco que mueren literalmente por “asfixia”. A eso es a lo que se le llama “ataque cardíaco” o “infarto agudo del miocardio”.

Un infarto cardiaco es una complicación grave que puede llevar a una insuficiencia cardiaca aguda y a la muerte, o en su lugar dejar secuelas y discapacidad para el resto de la vida.

¿Cómo se detecta la insuficiencia coronaria?

Los problemas coronarios se diagnostican con exámenes como el ecocardiograma, la ergometría o prueba de esfuerzo, la angioTAC coronaria y los estudios de perfusión o “cardiología nuclear”. Sin embargo, uno de los estudios más precisos para diagnosticar este problema (con la ventaja de que también muchas veces sirve para tratarlo) es la llamada angiografía coronaria o coronariografía.

En la angiografía coronaria se detecta y cuantifica el grado de obstrucción de las arterias, el largo de las lesiones y otras características necesarias para seleccionar la mejor forma de tratarlas.

¿Cuál es el tratamiento de la enfermedad coronaria? ¿Es curable?

El tratamiento de la enfermedad coronaria depende de varios factores como el tipo y la gravedad de la afección, así como de las características individuales del paciente. Usualmente incluye una combinación de estos recursos terapéuticos:

a) Estilo de vida:

Los cambios en el estilo de vida son fundamentales para el manejo de la enfermedad coronaria. Estos cambios pueden incluir dejar de fumar, disminuir el consumo de alcohol, evitar el uso de drogas psicotrópicas, seguir una dieta saludable baja en azúcares, grasas saturadas y colesterol, hacer ejercicio regularmente, controlar el peso y manejar el estrés.

Los cambios en el estilo de vida forman parte del tratamiento de la enfermedad coronaria.

b) Medicamentos:

Se pueden prescribir varios medicamentos para tratar la enfermedad coronaria. Algunos de ellos incluyen:

Antiagregantes plaquetarios:

Los fármacos como el Ácido acetil salicílico (Cardioaspirina®, Blaqueta®, Antiplac®) y el Clopidogrel (Plavix®, Troken®, Expansia®), entre otros medicamentos antiplaquetarios son muy importantes en la enfermedad isquémica coronaria. Ellos se usan solos o en combinación para mejorar la circulación de la sangre por las arterias estrechadas y prevenir la formación de trombos.

En algunas circunstancias como por ejemplo en el curso de un infarto agudo del miocardio (IAM) u otras formas de síndrome coronario agudo (SCA), puede ser necesario el uso de anticoagulantes en lugar de los antiagregantes (o además de estos) como por ejemplo las heparinas de bajo peso molecular (HBPM): Enoxaparina (Clexane®, Meparina®) o Nadroparina (Fraxiparina®).

Fármacos con acción metabólica:

Son medicamentos que pueden disminuir la frecuencia cardíaca o actuar directamente en el metabolismo de las celulas cardiacas mejorando la eficiencia energética. Dentro de estos se encuentras los Betabloqueantes como el Atenolol (Tenormín® , Plenacor® , Tendiol® ), el Bisoprolol (Concor® , Corentel® , Corbis® , Eurocor® ), el Carvedilol (Coropress® , Carvedil® , Cepirón® ), el Metoprolol (Betaloc Zok®, Lopresor®) o el Nebivolol (Lobivon®, Silostar®, Nabila® , Pertium® ).

También con capacidad de disminuir la frecuencia cardiaca y con ello el consumo de oxígeno del miocardio está la Ivabradina (Procoralam®) y para hacer más eficiente el metabolismo de las células cardiacas se encuentra la Trimetazidina (Vastarel®) .

Vasodilatadores coronarios:

Son medicamentos que dilatan las coronarias y pueden mejorar el flujo sanguíneo. De esa forma logran aliviar la angina de pecho y mejorar la tolerancia al esfuerzo, lo cual tiene un impacto positivo en la calidad del vida del paciente.

Dentro de este tipo de medicamentos están los anticálcicos como el Diltiazem (Incoril®), el Verapamilo y la Amlodipina (Norvasc®, Noloten®, Amlor®). También los nitratos como la Nitroglicerina (Nitroderm® en parches cutáneos, tabletas o spray sublinguales) y el Mononitrato de Isosorbida (Monobide®, Medocor®).

Otros medicamentos:

Muchos otros medicamentos pueden tener un papel central en el tratamiento de la cardiopatía isquémica coronaria. Tal es el caso de las «estatinas» como la Atorvastatina (Lipitor®, Zolvastin®) y la Rosuvastatina (Crestor®, Xuniro®, Liparon®, Toreza®, Rux®, Rosucol®, Roslipid®, Rosuvitae®). Que también se pueden usar combinadas en el mismo comprimido con otro medicamento llamado Ezetimiba.

Este es un importante grupo de fármacos cuyo designación técnica es «inhibidores competitivos de la 3-hidroxi-3metilglutaril-coenzima A (HMG-Co A) reductasa» (Sí, ya lo sé: ese nombre ni siquiera los médicos lo podemos recordar con facilidad). Ellos no solo reducen los niveles de colesterol y otras grasas que son transportados en la sangre, sino que provocan una serie de efectos positivos complejos de tipo pleiotrópico que entre otras incluyen propiedades antioxidantes, de antiagregación plaquetaria, vasodilatación y disminución de la viscosidad sanguínea.

Otros medicamentos que muchas veces son útiles en el tratamiento de la enfermedad coronaria son los Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) también conocidos como los «priles» (Enalapril, Lisinopril, Ramipril, Trandolapril). También los bloqueantes de los receptores de angiotensina (BRA), mucho más conocidos como «sartanes» (Valsartán, Olmesartán, Telmisartán, Irbesartán, Candesartán, Losartán). Su objetivo principal es controlar la presión arterial, disminuir la tensión en la pared cardiaca y con ello disminuir el consumo de oxígeno del corazón.

En algunos pacientes y situaciones es importante usar fármacos antiarrítmicos como la Amiodarona (Cordarone®, Atlansil®) o algunos otros que son específicos para el tratamiento de la insuficiencia cardiaca.

Es importante destacar que el tratamiento de la enfermedad coronaria debe ser individualizado y supervisado por un cardiólogo o un médico debidamente capacitado.

c) Procedimientos invasivos:

En casos más graves de enfermedad coronaria, además de los medicamentos pueden ser necesarios ciertos procedimientos invasivos:

Angioplastia coronaria:

Es un tipo de cateterismo cardiaco en el que se realiza una coronariografía y luego se inserta en la arteria coronaria obstruida un catéter especial para destaparla mediante un balón inflable que dilata la arteria y mejora el flujo sanguíneo. A menudo también se colocan uno o varios «stents» o prótesis endovasculares, que son una especie de pequeños resortes metálicos que se introducen colapsados y se expanden dentro de la arteria obstruida para que sirvan de soporte y mantengan la arteria abierta. A este tipo de procedimiento también se le llama «intervencionismo coronario».

El stent se introduce dentro de la arteria colapsado y acoplado a un pequeñísimo balón desinflado. Una vez ubicado en el sitio exacto de la estrechez, se infla el balón y así se expande la estructura del stent, lo cual aplasta la placa de ateroma contra las paredes de la arteria y la mantiene destapada.

Cirugía de derivación coronaria (puente o bypass):

En ciertos casos la magnitud y el tipo de enfermedad isquémica no hace factible o prudente realizar una angioplastia. En algunas de esas situaciones se puede optar por una intervención quirúrgica llamada cirugía de derivación coronaria o cirugía de revascularización miocárdica (CRVM) o simplemente bypass coronario .

Este tipo de operación la llevan a cabo los cirujanos cardiotorácicos y consiste en crear uno o varios «puentes» o «bypass» que se salten la parte obstruida de las arterias coronarias. Esos puentes conectan la Aorta hasta una porción de la coronaria que se encuentra más allá de la parte ocluida. O sea que es algo así como crear una especie de «atajo» para que el trénsito de la sangre pueda llegar a su destino final.

Para eso se utilizan vasos sanguíneos arteriales o venosos que se extraen de otra parte del cuerpo del propio paciente. Por ejemplo las venas safenas de las piernas (unas venas que se nos pueden extraer a la mayoría de las personas sin mayores consecuencias) o las arterias mamarias internas. Estas últimas son unas que todos tenemos por dentro del pecho pero que se pueden desconectar y se reconectan a una de las coronarias enfermas.

Este tipo de intervención es bastante compleja e implica riesgos. Pero sus resultados suelen ser muy satisfactorios al permitir que la sangre pueda llegar más allá de las obstrucciones. Muchos de los pacientes que se someten a una cirugía de revascularización miocárdica logran retomar una vida prácticamente normal en los ámbitos laboral, recreativo y sexual.

cirugía de revascularización miocárdica
Triple bypass coronario: tres derivaciones o «puentes», uno con la arteria mamaria interna y los otros dos con injertos de la vena safena extraídos de las piernas del propio paciente.

Otros procedimientos:

Algunos pacientes con enfermedad isquémica coronaria requieren de otros procedimientos específicos como la implantación de marcapasos cardíacos, dispositivos de terapia de resincronización (TRC) o de cardio-desfibriladores implantables (CDI).

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Doctor Aldo Santos, cardiologo

Redactado por: Dr. Aldo M. Santos, cardiólogo, MSc.

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¿Quieres vivir más? entonces tienes que dormir mejor.

La calidad del sueño y la salud cardiovascular.

Los resultados de dos importantes estudios sobre el sueño acaban de ser presentados en las recientes sesiones del evento ACC 2023 que este año coincidió con el Congreso Mundial de Cardiología celebrado a inicios de este mes en New Orleans. Ambas investigaciones reafirman el impacto de los trastornos del sueño en la salud en general y específicamente en la esfera cardiovascular. A continuación, les compartimos un resumen de sus resultados.

ACC.23 Annual Scientific Session & Expo
Together With World Congress of Cardiology
March 4 – 6, 2023 | New Orleans, LA

Dormir mal aumenta del riesgo de muerte prematura:

Los investigadores recopilaron datos de 172 321 personas durante 5 años seguidos. Ellos evaluaron cinco aspectos de la calidad del sueño para examinar la asociación entre los factores individuales y combinados de sueño con la mortalidad por todas las causas y por causas específicas.

De esa forma encontraron que aquellos con una mayor calidad del sueño tenían un 30 % menos de probabilidades de morir por cualquier motivo, un 21 % menos de probabilidades de morir por una enfermedad cardiovascular, 19 % menos de probabilidades de morir de cáncer, y 40% menos de probabilidades de morir por causas distintas a las enfermedades cardiovasculares o el cáncer.

Los datos sugieren que cerca del 8 % de las muertes por cualquier causa podrían atribuirse a malos patrones de sueño y que los jóvenes que tienen hábitos de sueño más beneficiosos pueden tener mucha menos probabilidad de morir prematuramente.

Así que si tus hijos se pasan la madrugada en las redes sociales o en los videojuegos, debes saber que nada bueno van a obtener. Pero que también si tu roncas mucho y de forma irregular o ya se te diagnosticó una apnea de sueño (también conocida como sleep apnea), debes saber que tienes que combatirla si aspiras a vivir más y de una manera mejor.

El insomnio incrementa el riesgo de infarto miocárdico:

Otro grupo de investigadores ha encontrado una asociación significativa entre el insomnio y la incidencia de infarto agudo del miocardio (IAM). La investigación es un metanálisis de nueve estudios que abarcó un total de 153  881 participantes con insomnio. Esta demostró que dormir menos de cinco horas por noche, puede aumentar sensiblemente el riesgo de infarto miocárdico.

Imagen de Drazen Zigic en Freepik

Tal asociación se mantuvo después de ajustar la muestra por edad, género, las comorbilidades y otros aspectos como el tabaquismo. También fue consistente en todos los subgrupos como edad menor o mayor de 65 años, sexo, otras comorbilidades comunes y la duración del seguimiento.

La duración del sueño también se relacionó con el riesgo de infarto cardiaco. Aquellos que  dormían menos de cinco horas por noche tuvieron más probabilidades de un infarto del corazón en comparación con los que dormían seis horas y mucho más respecto a los que dormían entre siete y ocho horas. También se encontró un 13 % más de riesgo de infarto miocárdico agudo en los participantes con trastornos para iniciar y mantener el sueño.

Con base en sus datos agrupados, los investigadores afirmaron que el insomnio debe considerarse un factor de riesgo para desarrollar un IAM y que se necesita hacer un mejor trabajo para educar a las personas sobre lo peligrosa que puede ser la falta de buen sueño.

¿Cuántas horas debemos dormir?

No solo los adultos, también en los niños y adolescentes es muy importante una cantidad adecuada de horas de sueño. Esto es algo que actualmente se ve afectado por la extendida adicción a los videojuegos y a las redes sociales durante las madrugadas. Dormir el tiempo suficiente se traduce en los niños en una mejor capacidad de atención y de concentración. También se ha demostrado que mejora la memoria y el aprendizaje, así como el control de la conducta y de las emociones.

Aunque las necesidades de sueño varían significativamente entre los individuos y dependen de diversos factores, existen ciertas pautas generales. En base a resultados de las investigaciones realizadas por médicos especialistas en neurofisiología, se recomienda que la duración total del sueño según la edad sea la que se muestra en la siguiente tabla:

RANGO
de EDAD
Cantidad total de
HORAS de SUEÑO
Bebés de 4 a 12 mesesDe 12 a 16 horas por cada 24 horas, incluidas las siestas
De 1 a 2 añosDe 11 a 14 horas por cada 24 horas, incluidas las siestas
De 3 a 5 añosDe 10 a 13 horas por cada 24 horas, incluidas las siestas
De 6 a 12 añosDe 9 a 12 horas por cada 24 horas
De 13 a 18 añosDe 8 a 10 horas por cada 24 horas
Adultos7 horas por noche o más

¿Pero que puedo hacer doctor si mi problema es que por más que lo intento no puedo dormir bien? Si ese es tu caso, entonces te conviene leer la tercera y última parte de este artículo.

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Doctor Aldo Santos, cardiologo

Redactado por: Dr. Aldo M. Santos, cardiólogo, MSc.

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