CardioPLAYAS 2025

cardioPLAYAS 2025
cardioplayas

Ya se ultiman los detalles organizativos para una nueva edición de la Jornada Médica de Actualización Científica CardioPLAYAS 2025. El evento tendrá lugar en General Villamil Playas el próximo mes de septiembre como parte de nuestras celebraciones por el Día Mundial del Corazón. Los temas de esta edición serán:

Lugar: Karibao Resort Town, Villamil Playas, Ecuador.

Fecha: sábado 27 de septiembre.

Cuotas de inscripción: médicos $100.00 / estudiantes & enfermeras: $45.00

Información e inscripciones: comuníquese con el Comité Organizador llamando al 0992262013 o escríbanos por WhatsApp.

CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS: todo lo que debes saber.

cardiopediatra
doctora karla aquino

Queridos lectores, soy la Dra. Karla Aquino, cardióloga con más de 10 años de experiencia profesional en la especialidad de cardiología clínica y miembro del staff de la Red Cardiológica CÂRDIUM. Cada día recibo todo tipo de preguntas y mensajes de mis pacientes pidiendo que les explique condiciones complejas de manera clara y accesible. Hoy trataremos sobre algo de lo que me solicitan información con relativa frecuencia: las cardiopatías congénitas.

En este artículo, exploramos las causas de las enfermedades congénitas del corazón, las variantes más comunes, sus principales síntomas, las pruebas con las que se diagnostican y en qué situaciones se debe considerar una cirugía. También te doy valiosos consejos para evitar que tu futuro bebé desarrolle una anomalía congénita cardíaca. Como es ya distintivo en todos los contenidos del blog +LATIDOS, esta vez también usaremos un lenguaje sencillo y de muy fácil comprensión. ¡Acompáñanos!

¿Qué es una cardiopatía congénita?

Antes de responder esa pregunta, imaginemos al corazón como una casa que tiene paredes (o tabiques) que separan a sus habitaciones (cámaras o cavidades). Como todo hogar, también tiene puertas (válvulas), tuberías (vasos sanguíneos) y cables… Pues bien, todas esas partes deben irse formando y acoplando de manera organizada dentro del corazoncito del feto durante los primeros meses del desarrollo intrauterino. Este delicado y complejo proceso “constructivo” debe regirse paso a paso por una especie de plan ó “proyecto de arquitectura”.

Interior de un corazón sano (imagen original de Nemours KidsHealth)

Sucede que en algunos casos ocurre un fallo en los “planos”, o un problema con los materiales de «construcción». Eso da lugar a defectos de nacimiento en el corazón, y por eso se les llama cardiopatías congénitas. Así por ejemplo, podría terminar quedando un agujero incorrecto en una pared, faltando un tabique, dejando una «puerta» que no cierre bien, o que no abra lo suficiente. También puede llegar a faltar una de las recámaras, o alguna de las tuberías quedar tapada o desembocar en un lado equivocado.  

En fin, las cardiopatías congénitas son malformaciones del corazón que hacen que la persona nazca con un “defecto de fábrica”.  Esas anomalías o defectos estructurales pueden hacer que dentro del corazón la sangre no fluya en la dirección correcta y no se oxigene bien, que se mezcle la sangre ya oxigenada con la que tiene poco oxígeno, o que se sobrecarguen las cavidades de modo que el corazón sea incapaz de funcionar bien.

Las malformaciones estructurales en el proceso de desarrollo embrionario del corazón afectan aproximadamente a 1 de cada 100 bebés nacidos vivos. Sí, estamos hablando de algo que afecta a millones de personas en todo el mundo. Pero hay cosas que se pueden hacer para evitarlas. Por otro lado, detectarlas a tiempo y aplicar un tratamiento oportuno puede salvar muchas vidas.

Las cardiopatías congénitas… ¿siempre son algo grave o peligroso?

No, las cardiopatías congénitas no son todas iguales. Algunas pueden ser tan leves que pasen desapercibidas y se descubran por casualidad en personas ya adultas.  Sin embargo, en otros casos se trata de malformaciones cardíacas graves que provocan insuficiencia cardíaca o incluso la muerte.

Algunas necesitan intervenciones quirúrgicas paliativas o correctivas en bebes pequeños y recién nacidos, e incluso antes de nacer en la etapa intrauterina (cirugía cardiovascular intrauterina). Otras son tan, pero tan, graves que resultan incompatibles con la vida extrauterina, lo cual quiere decir que no hay prácticamente posibilidades de que el feto pueda sobrevivir tras el nacimiento.

¿Cuál es la causa de las cardiopatías congénitas?

En la mayoría de los casos, no es posible identificar una causa específica. Se estima que la aparición de una cardiopatía congénita se debe a una combinación de factores que alteran el desarrollo normal del corazón fetal entre la 4ta. y la 8va. semana de gestación. Lo delicado de esto es que en esta etapa inicial del desarrollo embrionario, muchas mujeres aún no saben que ya están embarazadas y esto hace que no se cuiden lo suficiente para evitar estas y otras malformaciones.

Los factores genéticos juegan un rol importante como las mutaciones en los genes del bebé heredadas de los padres, o las surgidas espontáneamente, como las que ocurren en el síndrome de Down o en síndrome de Turner. También influyen aspectos ambientales durante el embarazo, como una diabetes no controlada de la madre, el déficit de algunos nutrientes, ciertas infecciones virales (por ejemplo la rubéola) o la exposición a sustancias dañinas o tóxicos como fumar cigarrillos, consumir alcohol, drogas o tomar ciertos medicamentos.

Ahora reflexionemos en ello mediante la siguiente analogía: imaginemos que durante la construcción de esa delicada “casita” que es el corazón de un bebé, ocurriese una catástrofe externa. Por ejemplo una especie de «terremoto» como lo sería una enfermedad materna, o un problema de los “materiales de construcción” por  nutrición inadecuada, o una situación de exposición a sustancias tóxicas como drogas o ciertos medicamentos.

Como podemos intuir, el resultado sería catastrófico pues aparecerían daños o imperfecciones en la estructura del corazón del feto. De ese modo, al nacer, el niño traería esas alteraciones.

¿Cuántos tipos de anomalías cardíacas congénitas existen?

Hay muchos tipos de cardiopatías congénitas, pero las más comunes representan alrededor del 80% de los casos. Aquí  te menciono algunas de ellas:

Comunicación interventricular (C.I.V):

Consiste en un defecto de la pared o tabique que separa las dos cavidades o cámaras del corazón llamadas “ventrículos”. Esto origina un orificio o comunicación anormal por donde se mezcla la sangre oxigenada con la no oxigenada. La C.I.V es una de las cardiopatías congénitas más frecuentes y produce un sonido llamado “soplo”.

Comunicación interventricular (imagen original de Nemours KidsHealth)

En algunos pacientes el defecto cierra espontáneamente, usualmente antes de que el niño alcance los 9 años de edad. En otras personas el defecto persiste pero es pequeño y no da ningún síntoma por lo que el paciente puede llevar una vida normal. Sin embargo en otros el defecto es grande y provoca complicaciones como insuficiencia cardiaca o hipertensión pulmonar. En esos casos está indicada la cirugía que en algunas personas puede ser por catéter, pero en otras tiene que ser una operación a corazón abierto.

Comunicación interauricular (C.I.A):

Durante la vida intrauterina todos tenemos un orificio que comunica a dos cámaras del corazón llamadas “aurículas”. Ese orificio debe cerrarse al nacer, pero en algunas personas queda abierto y comunica las dos aurículas haciendo que el corazón funcione de una manera inadecuada. La CIA es una anomalía congénita relativamente frecuente.

Comunicación interauricular (imagen original de Nemours KidsHealth)

Cuando el defecto es pequeño  no provoca síntomas y puede pasar desapercibido, es por eso que muchas personas se descubre por casualidad en la etapa adulta.  Sin embargo, en otros pacientes el agujero es grande y puede llegar a provocar complicaciones graves como la hipertensión pulmonar. Es esos casos la solución a una C.I.A es quirúrgica y puede ser cerrado por catéter o con una cirugía a corazón abierto.

Conducto arterioso persistente (C.A.P):

El conducto arterial (o “ductus arteriosus” en latín) es una conexión normal en la etapa fetal. Se trata de una especie de tubito que todos tenemos cuando estamos dentro del útero y que conecta dos arterias por fuera del corazón. Cuando nacemos el ductus debe cerrarse espontáneamente pero en algunas personas permanece abierto y esa persistencia del conducto arterioso (P.C.A) puede llevar a provocas problemas importantes.

Conducto arterioso persistente (imagen original de Nemours KidsHealth)

Esta cardiopatía estructural congénita también puede pasar desapercibida y descubrirse por casualidad en personas adultas, pero en algunos casos puede provocar complicaciones como la hipertensión pulmonar. Pos eso aunque no de síntomas si se detecta una P.C.A lo más prudente es siempre corregirla, ya sea mediante un procedimiento intervencionista con catéter o mediante  una cirugía convencional. Incluso en este último caso, se trata de una operación menos compleja porque no necesita circulación extracorpórea. Quiere decir que se puede operar sin tener que detener los latidos del corazón, ni abrir el corazón.

Estenosis valvulares congénitas:

En el lenguaje médico estenosis quiere decir estrechamiento. Las estenosis valvulares son estrechamientos u obstrucciones de una válvula que hace que se dificulte el paso de la sangre de una cavidad a otra dentro del corazón, o a la salida de este. La estenosis congénita de la válvula pulmonar es una de las más frecuentes pero también puede haber estenosis de otras válvulas como mitral o la aórtica.

Este tipo de anomalía cardiaca congénita a veces es algo tan ligero que no produce ningún síntoma, pero en algunos  casos es un problema crítico que puede hacer que el niño se canse muy rápido mientras juega, se le dificulte la respiración, o sufra palpitaciones y desmayos o síncopes.

Válvula aórtica bivalva ó bicúspide:

Se trata de una de las cardiopatías congénitas más frecuentes y consiste en que la válvula aórtica (la válvula principal de salida del corazón)  tiene solo 2 puertecitas en lugar de las 3 que tienen las válvulas normales.  Esa anomalía hace que la válvula sufra una especie de desgaste acelerado y que por tanto llegue a envejecer y dañarse anticipadamente. De ese modo termina estrechándose y dejando de abrir bien (lo que los médicos llamamos “estenosis valvular”), o que en cambio deje de cerrar bien (algo a lo que los cardiólogos le decimos “insuficiencia valvular”).  

Válvula aórtica bicúspide: solo tiene 2 valvas o «puertas», en lugar de las 3 de una válvula normal (imagen original de Healthwise)

Tener una válvula aórtica bicúspide usualmente no da ningún síntoma y pasa desapercibido durante años hasta que a partir de la 3ra o 4ta década de la vida el desgaste de la válvula provoca un soplo cardíaco que el cardiólogo puede detectar en un examen de rutina. Pero también el paciente puede comenzar a sentir fatiga y dificultad respiratoria sobre todo durante los esfuerzos.

Anomalías de las arterias coronarias:

Este tipo de cardiopatía congénita consiste en una alteración en la emergencia o trayectoria de las arterias coronarias. Las arterias coronarias que son las que llevan sangre con oxígeno y nutrientes al músculo cardíaco. Por lo general solo se detectan en la adultez y pueden ser causa de infarto miocárdico, arritmias y muerte súbita, tanto en atletas como en la población general.

Cardiopatías congénitas complejas:

Hay varias decenas de patologías cardiacas congénitas bien tipificadas, pero en algunos casos pueden coincidir y combinarse varias de ellas en una misma persona. Cuando esto ocurre hablamos de una “cardiopatía congénita compleja” como por ejemplo la Tetralogía de Fallot, en la que como su nombre lo indica se combinan cuatro alteraciones estructurales congénitas del corazón.

¿Cuándo sospechar una cardiopatía congénita? ¿Cuáles son sus síntomas más frecuentes?

Como ya hemos dicho antes, algunos tipos de cardiopatías congénitas no provocan ningún síntoma. Otras provocan síntomas ligeros, pero algunas si resultan muy sintomáticas y evidentes. Estos síntomas pueden variar según la edad del paciente y por lo general son:

  • En recién nacidos: puede haber piel azulada (cianosis) o palidez, respiración rápida y agitada, también dificultad para alimentarse o soplos cardíacos, que un ruido anormal que los médicos escuchamos con el estetoscopio.
  • En bebés y niños mayores: sudoración, frialdad y signos de fatiga durante la lactancia. Cansancio desproporcionado al correr o jugar, hinchazón en las piernas, o desmayos repentinos (eso que los médicos llamamos «síncope«).
  • En adultos: podrían aparecer cianosis, falta de aire, fatiga intensa, dolor de cabeza, palpitaciones ó sincope.

¿Qué pruebas sirven para detectar una cardiopatía congénita?

Muchas cardiopatías congénitas pueden ser perfectamente diagnosticadas durante el embarazo mediante los screning ecográficos obstétricos de rutina, sobre todo a partir de la semana 22 de gestación. En algunos casos es necesario un ecocardiograma fetal. Este es un estudio que se debe llevar a cabo por un especialista experto con el objetivo de lograr una mayor precisión diagnóstica.

Sin embargo, en no pocos casos las anomalías cardiacas congénitas pasan desapercibidas en las ecografías fetales. En ese caso, se diagnostican durante el examen cardiovascular del bebé recién nacido o en los niños más grandes. Pero no es raro que algunas cardiopatías congénitas no se descubran hasta que la persona ha alcanzado su etapa adulta, ya sea porque es en ese momento que comienzan a dar síntomas, o porque son detectadas en chequeos rutinarios de salud. Incluso se han encontrado cardiopatías congénitas en la necropsia de personas de diversas edades que han fallecido por otras causas.

Los estudios que suelen ser útiles para diagnosticar las cardiopatías congénitas son: el electrocardiograma, la radiografía de tórax, el ecocardiograma doppler, la angioTAC, y la resonancia magnética cardíaca o cardioresonancia.  En algunos casos pueden ser extraordinariamente útiles los estudios hemodinámicos o de cateterismo del corazón.   

Las personas con defectos cardíacos congénitos ¿pueden llevar una vida normal?

Las consecuencias de una cardiopatía congénita dependen de su gravedad: algunas son leves y no interfieren en la vida diaria, mientras que otras pueden ser graves si no se tratan.

En bebés, podrían causar insuficiencia cardíaca, una situación en la que el corazón no bombea bien la sangre. Esto provoca fatiga extrema, decaimiento, palidez, dificultad para respirar, además de infecciones respiratorias a repetición y problemas para que el niño crezca y gane adecuadamente de peso.

A largo plazo, hay riesgo de arritmias, infecciones cardíacas o endocarditis, retrasos en el crecimiento o incluso problemas emocionales como ansiedad en el caso de adolescentes y pacientes adultos. Esto último es importante si tenemos en cuenta que el diagnóstico de algunos defectos estructurales cardiacos congénitos puede interferir en la capacidad para desempeñar ciertos puestos de trabajo, o para la práctica deportiva a nivel profesional.

En casos extremos, sin intervención, podrían llevar a complicaciones como hipertensión pulmonar, derrames cerebrales o una muerte súbita. Sin embargo, con una detección temprana y un tratamiento adecuado, muchas personas con ciertos tipos de cardiopatía congénita pueden llevar una vida normal y… ¡morirse de viejos!

¿Todas las cardiopatías congénitas necesitan cirugía?

No, no todas las cardiopatías congénitas son de operación. Como ya hemos dicho antes, algunos defectos estructurales cardíacos congénitos son leves y no requieren ningún tipo de tratamiento. Otros requerirán solo medicamentos y vigilancia periódica en consultas de cardiología o cardiopediatría.

Esperar puede ser una buena opción en aquellos casos en los que no hay ninguna situación de peligro: algunos defectos congénitos del corazón como la comunicación interventricular (C.I.V) pueden cerrarse espontáneamente antes de los 9 años de edad, sobre todo si se trata de un orificio pequeño.

Sin embargo, por su gravedad, repercusión o riesgo, algunas cardiopatías congénitas si requieren un manejo invasivo. Según el tipo de anomalía, sus complicaciones y las características del paciente, estas intervenciones pueden ser de diversos tipos y diferentes niveles de complejidad:

  • Procedimientos por catéter: son intervenciones para cerrar orificios o conductos anormales mediante cateterismo. También en algunos casos en posible reparar válvulas y otras anomalías. Pero el intervencionismo por catéter no es útil para todos los casos y hay pacientes que requieren cirugía convencional.
  • Cirugía torácica sin circulación extracorpórea: Son intervenciones en las que es preciso hacer una herida en el pecho pero donde no hay que abrir o entrar al corazón. Por tanto este tipo de cirugía no requiere detener el funcionamiento cardíaco y son menos complejas. Un ejemplo de este tipo de operaciones es la que se realiza a personas con persistencia del conducto arterioso (P.C.A).
  • Cirugía cardiotorácica con circulación extracorpórea: Son las popularmente conocidas como “operaciones a corazón abierto” porque requieren trabajar dentro del corazón, para lo cual hay que detenerlo transitoriamente y acoplar al paciente a una máquina de circulación extracopórea. En el transcurso de la operación, este equipo hace circular la sangre por todo el cuerpo y la oxigena, o sea, hace las veces de corazón y de pulmón. Son intervenciones de alta complejidad y mayor riesgo.
  • Trasplante cardíaco: Es la mas compleja de todas las cirugías y el último recurso cuando ya se han agotado todos los demás. Consiste en sustituir el corazón enfermo por el de un donante compatible que ha fallecido por otras causas. Usualmente incluye también a los pulmones y por eso se le llama trasplante corazón-pulmón. Por ser una intervención tan costosa, compleja y riesgosa no se realiza sino hasta que el problema es muy grave, pero desafortunadamente cuando llega ese momento no siempre aparece un órgano compatible. Por otro lado, la persona a la que se le realiza un trasplante requiere tomar de por vida medicación inmunosupresora para evitar rechazar el órgano, y ello le hace muy vulnerable a infecciones y otros problemas de salud.

Las cirugías de las cardiopatías congénitas pueden ser correctivas (para intentar restaurar el corazón y devolverlo a una función lo más normal posible) o ser solo intervenciones paliativas (es cuando se sabe que no será posible lograr una reparación completa, pero se intenta mejorar la situación del paciente y aliviar sus síntomas). Es importante aclarar que algunos pacientes con defectos cardíacos congénitos necesitan más de una intervención quirúrgica, a veces hasta cinco o más operaciones.

En todo caso, la decisión de si una anomalía cardíaca congénita requiere o no de cirugía se fundamenta básicamente en:

a) Gravedad del defecto (¿afecta el funcionamiento del corazón de manera significativa?).

b) Los síntomas (¿causa malestares intensos como fatiga, cianosis ó síncope? ¿Dificultan las actividades de la vida diaria y otras básicas como la alimentación?).

c) El resultado de pruebas diagnósticas (¿muestran presión alta o oxígeno bajo? ¿Hay evidencia de complicaciones como hipertensión pulmonar?).

d) El riesgo de complicaciones futuras (¿podría llevar a insuficiencia cardíaca o a la muerte?).  

Es bueno remarcar que siempre se prioriza lo menos invasivo y se evalúa la balanza entre beneficios y riesgos. En la mayoría de los países e instituciones, cada caso se analiza por un equipo multidisciplinario formado por cardiólogos clínicos y cardiopediatras, cirujanos cardiotorácicos y cardiólogos intervencionistas, anestesiólogos, perfusionistas, imagenólogos, psicólogos y médicos intensivistas.

Cardiopatías congénitas: CONSEJOS para EVITARLAS.

No todas las cardiopatías congénitas se pueden prevenir, ya que algunas tienen un origen genético o cromosómico que escapa al control directo tanto de los padres como de los médicos. Sin embargo, es posible reducir significativamente el riesgo de tener un bebé con una anomalía congénita cardiaca controlando ciertos factores ambientales y maternos que han sido identificados  como causas potenciales. Las principales medidas son:

  1. Seguimiento médico preconcepcional y prenatal de calidad: Tener una adecuada atención, tanto antes del embarazo como durante la gestación resulta crucial. Asegúrate de acudir a los controles obstétricos con un profesional competente. Esto puede evitar enfermedades como la anemia severa, o controlar condiciones como la hipertensión, la diabetes, la fenilcetonuria y otras patologías maternas que se sabe puede incrementar la probabilidad de que se desarrolle una anomalía congénita en el corazoncito del feto.
  2. Si eres mujer y estás en edad fértil: cerciórate de vacunarte contra la rubéola, el sarampión y otras enfermedades infecciosas que de afectarte durante el embarazo podrían provocar malformaciones congénitas en tu niño.
  3. Evita el consumo de alcohol, tabaco y toda clase de drogas psicotrópicas: Es importante que recuerdes que el corazón y otros órganos importantes de tu bebé se pueden estar formando antes de que llegues a saber que estás embarazada. Por tanto es muy importante evitar cualquier todas estas sustancias desde el mismo momento que decidas que quieres quedar embarazada.
  4. Evita la exposición a insecticidas, herbicidas, metales pesados como el plomo y el mercurio, disolventes orgánicos y otros químicos y gases industriales. A menos que sea estrictamente necesario, también evita exponerte a las radiaciones ionizantes (por ejemplo hacerte muchas radiografías o someterte a tomografías).
  5. Si estás embarazada o estás buscando estarlo pronto, tienes que consultar con un médico antes de tomar cualquier medicamento. Esto incluye a los de venta libre, como el ácido retinoico para el acné, medicamentos para dormir, antibióticos, analgésicos y fármacos anticonvulsivos.
  6. Aliméntate adecuadamente durante el embarazo, evita alimentos ultraprocesados, embutidos, conservas y ahumados.
  7. Usa suplementación nutricional con ácido fólico y multivitamínicos desde antes de concebir y durante embarazo. Esto ha demostrado reducir el riesgo de defectos cardíacos, similar a cómo se previene los defectos del tubo neural del feto.
  8. Si en tu familia hay antecedentes de cardiopatías congénitas, antes de quedar embarazada debes acudir a una consulta de consejo genético. Atenderte con un especialista en genética o genetista clínico. Esto puede ser de mucha ayuda para evaluar tus riesgos y hacerte recomendaciones precisas.

Todo esto se resume en adoptar un estilo de vida saludable con chequeos médicos regulares, nutrición adecuada y evitar la exposición a ciertas sustancias y factores ambientales.

Viviendo con un corazón con «defectos de fábrica».

Si has llegado hasta aquí es porque quizás te han dicho que tú o alguien muy cercano a ti, quizás tenga una cardiopatía congénita. Debes saber que ese diagnóstico no necesariamente es el final de tus sueños y proyectos. Como ya te hemos explicado, muchas anomalías cardíacas congénitas no son peligrosas, y otras son perfectamente corregibles. Millones de personas con alguno de estos problemas llevan una vida feliz y plena. Tú puedes también ser uno de ellos y aquí puedes conocer como lograrlo

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Autora: Dra. Karla Aquino, cardióloga clínica.

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cardiologos de niños y adultos

Retiro prematuro de Joan González resalta valor de la evaluación cardio-deportiva.

importancia evaluacion cardiodeportiva

El futbolista Joan González acaba de anunciar su retiro prematuro del deporte por una cardiopatía congénita detectada en un chequeo cardio-deportivo rutinario.

El mundo del fútbol está conmovido con el anuncio del retiro anticipado del centrocampista español Joan González, quien con apenas 23 años ha decidido colgar los botines debido a una cardiopatía congénita diagnosticada durante un control médico de pretemporada en el verano pasado.

Esta condición cardíaca de nacimiento, que le impidió competir durante toda la temporada pasada, subraya la importancia de las evaluaciones cardio-deportivas no solo en atletas de élite, sino en cualquier persona que practique deportes de manera regular, independientemente de su edad o sexo.

González se formó en las canteras del FC Barcelona. Del Barça pasó en 2021 al Lecce de la Serie «A» italiana integrándose inicialmente en el equipo sub-19. Su ascenso fue meteórico en las campañas 2022/23 y 2023/24 consolidándose en el primer equipo y disputando un total de 66 partidos.

Sin embargo, su carrera se vio truncada abruptamente cuando en los exámenes médicos pre-competencia para la temporada 2024/25, se le detectó una anomalía cardíaca. Ahora, tras un año de exámenes, consultas médicas y de reflexión personal, el jugador ha tomado la difícil decisión de priorizar su salud por encima de lo que, más que su profesión, ha sido su pasión.

En un emotivo mensaje publicado en sus redes sociales, González expresó: “Es uno de los días más difíciles, pero también uno de los más significativos de mi vida, tanto a nivel personal como profesional. Después de meses de reflexión y momentos de incertidumbre, ha llegado el momento de comunicar que pongo punto final a mi etapa como futbolista”.

Recordando con nostalgia sus vivencias, añadió: “Recuerdo los días de partido como si fueran ayer: el tacto del césped mojado, los gritos de la grada, el sonido seco del balón al golpear la bota, los nervios antes del pitido inicial… Momentos que, ahora, siento muy dentro porque sé que no volverán”. Finalizó con un agradecimiento: “Todo aquello que un día veía como habitual, hoy sé que era especial. Y por eso, quiero dar las gracias”.

No se trata de un caso aislado en el fútbol, ni tampoco en el deporte profesional en general. Recordemos como el Kun Agüero se debió retirar también anticipadamente por una arritmia cardíaca. Esto le impidió ser parte de la Selección Argentina que luego conquistó la Copa Mundial en Qatar 2022.

Tampoco podemos olvidar las tragedias que han cobrado la vida de varios atletas jóvenes como el recordado caso de Marc-Vivien Foé, el de Antonio Puerta, o la del ecuatoriano  Christian «Chucho» Benítez quien a sus 27 años sufrió una muerte súbita. En su caso por una anomalía congénita de las arterias coronarias que solo puedo ser detectada postmorten.

El diagnóstico oportuno en el caso de Joan González resalta el valor preventivo de los chequeos cardiológicos deportivos o evaluaciones precompetencia, que incluyen electrocardiograma, el ecocardiograma y la prueba de esfuerzo. Aunque de estimarse necesario, en algunos atletas se pueden indicar otros exámenes adicionales como el Holter de arritmias, la angioTAC o la angiografía coronaria.

Los expertos en cardiología del deporte como el Dr. Santos, miembro de nuestro staff en CÂRDIUM, insisten en que la evaluación cardiodeportiva es esencial para detectar a tiempo anomalías en el corazón, tanto congénitas como adquiridas. Estas podrían ser completamente asintomáticas y pasar desapercibidas en revisiones generales. Sin embargo, ante las exigencias de la carga deportiva, pueden llegar a provocar complicaciones como un infarto cardíaco o una parada cardiorespiratoria.

Los atletas profesionales se enfrentan a exigentes programas de entrenamiento y calendarios competitivos prolongados. Por su parte el deporte amateur y recreativo gana popularidad pero millones de personas en todo el mundo se someten a cargas físicas desproporcionadas y sin ninguna supervisión especializada. En este contexto es vital promover chequeos cardíacos regulares entre niños, jóvenes y adultos que practiquen actividades físicas con asiduidad, ya sea fútbol, running, tenis, natación o ciclismo.

Organizaciones como la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) y la Asociación Americana del Corazón (AHA por sus siglas en inglés) recomiendan protocolos preventivos adaptados a cada grupo de edades, incluso en niños y adolescentes. Ignorar estos controles puede derivar en complicaciones graves. En cambio, una detección temprana, como en el caso de González, permite tomar decisiones informadas y salvar vidas.

El retiro de Joan González deja un vacío tanto en el Club Lecce como en el fútbol español, pero su valentía al priorizar su salud nos inspira a reflexionar sobre el equilibrio entre la pasión deportiva y el bienestar personal. El joven exfutbolista ahora mira hacia un futuro fuera de las canchas, con la certeza de que su mensaje podría motivar a miles a someterse a evaluaciones preventivas.

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Autora: Dra. Karla Aquino, cardióloga clínica.

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El corazón ¿no duele?

dolor en el pecho por infarto miocardico

Hay creencias tan difundidas que terminan pareciendo verdades. Una de ellas es esa que dice que “el corazón no duele”. ¿La has escuchado? Seguramente sí. Tal vez incluso de boca de algún médico. El problema es que esa afirmación no es cierta. Y como muchas otras falsas creencias, puede tener consecuencias muy, pero muy graves.

Pero… ¿duele o no duele?

La respuesta corta es un sí, el corazón sí puede doler. Es cierto que no siempre que nos duele el pecho es por un problema cardíaco. Sin embargo, el dolor precordial o precordialgia, como le llaman los médicos al dolor en la región anterior del tórax, puede ser una señal de alerta de un serio problema de salud cardiovascular. Tal es el caso de una angina de pecho por insuficiencia coronaria o de su complicación más grave: el infarto cardíaco.

También puede deberse a una situación de extrema urgencia con necesidad de cirugía urgente como una disección aórtica. Otras veces puede ser por una pericarditis o inflamación del pericardio que es una membrana que recubre al corazón. También puede haber dolor en el pecho durante algunas taquiarritmias y en el curso de una emergencia hipertensiva. O sea, el dolor en el pecho puede ser un grito desesperado de tu corazón pidiendo ayuda.

Sin embargo tampoco podemos pasar por alto que no siempre las enfermedades del corazón provocan dolor en el pecho. Sí, así como lo lees: algunas personas pueden sufrir un infarto sin llegar a experimentar dolor, o solo tener ligeras molestias en el pecho. En ciertos casos el infarto agudo del miocardio en lugar de dolor puede provocar malestares como debilidad, falta de aire, sudoración o desmayos.

dolor en el pecho

El dolor en el pecho no siempre es del corazón

Sí como, ya hemos dicho, no todo dolor en el pecho es de origen cardíaco. A veces solo se trata de una contractura muscular (por ejemplo después de cargar un peso o hacer un movimiento brusco). Otras veces es por la inflamación de los cartílagos que unen las costillas con el esternón, algo que los médicos llaman costocondrítis o síndrome de Tietze.

También nos puede doler el pecho por una neuralgia o irritación de los nervios que van por el borde inferior de cada costilla. No es raro que un dolor torácico se deba a problemas pulmonares como una neumonía, o por enfermedades digestivas. Así mismo, se sabe que la ansiedad puede ser una de las causas más frecuentes de dolor en el precordio.

Pero aunque el dolor de pecho pueda ser también provocado por enfermedades no cardíacas, tampoco quiere decir que algunas no lleguen a ser peligrosas al punto de poner en peligro la vida y necesitar una atención de emergencia. Tal es el caso de enfermedades como el tromboembolismo pulmonar y el neumotórax.

En resumen: no siempre que duele el pecho es por un problema cardiaco, pero aunque no sea por una enfermedad del corazón, el dolor torácico a veces puede ser señal de algo grave que necesite atención médica inmediata.

Si sufres un dolor en el pecho, lo más prudente es acudir al médico, preferentemente con un cardiólogo. Esto es particularmente importante si el dolor es intenso, prolongado o se acompaña de otros síntomas como dificultad para respirar, palpitaciones, sudoración abundante, palidez, frialdad, náuseas y mareos o síncope.

10 SEÑALES PARA ACUDIR RÁPIDO CON EL CARDIÓLOGO:

1) DOLOR EN EL PECHO o la boca del estómago que se corre al cuello, la mandíbula, los hombros o la espalda y que aparece con el esfuerzo, el estrés o durante las relaciones sexuales.
2) HORMIGUEO O CALAMBRE que se irradia al brazo izquierdo. A veces más bien una sensación de fatiga o debilidad en ambos brazos.
3) SUDORACIÓN FRÍA y abundante, especialmente si se acompaña de dolor torácico. Sensación de angustia.
4) CAMBIOS DE COLORACIÓN como palidez, uñas moradas o cara roja.
5) AHOGOS y dificultad para respirar, o tos seca persistente.
6) CANSANCIO sin causa aparente.
7) PALPITACIONES fuertes, rápidas o latidos irregulares.
8) INFLAMACIÓN en las piernas.
9)
MAREOS O DESMAYOS con pérdida del conocimiento (síncope).
10)PRESIÓN ARTERIAL alta (más de 125/85 mmHg) o muy baja (menos de 90/50 mmHg).

¡ATENCIÓN! lo mejor es acudir a chequeos preventivos periódicos en lugar de esperar a que aparezca alguno de estos síntomas.

De la vida real:

Hace unos años atendí a un paciente de 52 años, comerciante, que llegó a urgencias con dolor en el pecho. Su esposa lo había convencido, a regañadientes, de ir al hospital a pesar de que él decía que:
“Esto ya me ha pasado antes, doctor. Debe ser que he cogido un gas y seguro en un rato se me alivia. A mí siempre me han dicho que el corazón no duele…”

Pues le hicimos un electrocardiograma y otros exámenes ¿y qué creen?: era un infarto miocárdico en curso. Afortunadamente, gracias a Dios y a su esposa hoy está vivo para contarlo. Y créanme que ya no repite esa frase.

El peligro de creer que el corazón no duele

Esta creencia es peligrosa porque puede minimizar un síntoma importante y retrasar la búsqueda de atención médica oportuna. En emergencias cardíacas, cada minuto cuenta, por eso las guías de práctica clínica recomiendan que ante todo dolor en el pecho nuevo o intenso, especialmente si dura más de 5 minutos, se solicite ayuda de inmediato: llama al 911 o ve a urgencias. No esperes para ver si «se te alivia solo».

¿Y por qué se repite tanto ese mito?

Quizás el origen del mito es que el corazón, como órgano muscular, tiene pocas terminaciones nerviosas en comparación con otras partes del cuerpo. Pero eso no significa que no pueda doler cuando está sufriendo un daño o injuria. Las causas del dolor pueden ser diversas como la falta de oxígeno (isquemia), la inflamación del pericardio, o la sobrecarga de trabajo.

Sin embargo, con toda probabilidad la principal razón por la cual se ha extendido el mito de que “el corazón nunca duele” es el intento de algunos médicos de tranquilizar a sus pacientes. A menudo, cuando alguien siente un dolor en el pecho, la primera reacción es el pánico. Y, en un intento de calmar esa ansiedad, algunos profesionales de la salud en lugar de detenerse a explicarles que en su caso ese dolor no es de origen cardiaco, ven más fácil decirles que “el corazón no provoca dolor”.

Dolores en el pecho que no debes ignorar

Imagina que tú o alguien cercano, experimentan alguna de estas situaciones:

  • Subes las escaleras de tu casa y sientes un dolor opresivo en el pecho, acompañado de fatiga y sudor frío.
  • Estás teniendo relaciones sexuales y sientes una apretazón en el pecho y dificultad para respirar.
  • Mientras ves una película, de repente sientes un dolor que se irradia al cuello, mandíbula o brazo izquierdo.
  • En medio de tu práctica deportiva aparece una dificultad para respirar o un dolor en el pecho, la espalda, el cuello o la boca del estómago.
  • Te despiertas en la madrugada con una molestia rara en el pecho, como una presión que no te deja volver a dormir y se acompaña de náuseas.

Ninguna de estas situaciones debe ignorarse y lo más prudente es que acudas a una consulta de cardiología. Pero si los síntomas son muy intensos vete de inmediato al departamento de emergencias más cercano. En medicina, más vale una falsa alarma que un lamento tardío.

Escucha a tu cuerpo (y no a los mitos)

El corazón sí puede doler y aunque no todo dolor en el pecho es de un origen cardíaco, siempre que ese síntoma aparezca debe prestársele atención. Así que la próxima vez que escuches eso de que “el corazón no duele” ya sabes qué responder. Y si eres tú quien siente algo extraño en el pecho, busca un cardiólogo porque es mejor evitar que tener que lamentar.

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Autora: Dra. Karla Aquino, cardióloga clínica.

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Fallece María Lorena Argüello Salazar, excandidata a Miss Universo Ecuador 2024.

Fallece Maria Lorena Arguello Salazar, finalista a Miss Universo Ecuador 2024

La doctora María Lorena Argüello Salazar, excandidata a Miss Universo Ecuador 2024 ha fallecido este domingo 1 de junio de 2025 a sus 28 años. Argüello, nacida el 12 de marzo de 1997 y médica de profesión, era también conocida por su compromiso social y su labor en la Fundación Reina de Quito. La causa de su muerte podría ser cardíaca.

Fotos del Instagram de la Dra. Arguello (@lorearguello97)

María Lorena representó al Distrito Metropolitano de Quito en el pasado certamen celebrado en Machala el 8 de junio de 2024. Allí se destacó por su inteligencia, madurez y elegancia llegando al top 13 de las semifinalistas. La triste noticia de su fallecimiento ha sido confirmada por la cuenta oficial en Instagram del Concurso Nacional de Belleza (CNB) Ecuador, institución que expresó su pesar y solidaridad con su familia.

Medios como Vistazo, Metro Ecuador, Ecuavisa, El Universo, Primicias y Expreso, también han verificado el luctuoso suceso y están reportando su muerte. Hasta el momento, no se ha revelado oficialmente la causa del fallecimiento pero no hay referencias a que la doctora halla sido víctima de algún acto violento. Sin embargo, algunos presumen podría haberse tratado de una muerte súbita cardíaca como las producidas por ciertos tipos de arritmias, lo cual derivó en una parada cardio-respiratoria de la cual no pudo ser reanimada.

Su fallecimiento está generando una ola de condolencias en redes sociales, donde compañeros, amigos y seguidores que destacan su bondad y vocación de servicio. Mara Topic, Miss Universo Ecuador 2024 y Nadia Mejía, finalista del certamen, también han expresado su dolor y consternación ante el inesperado deceso. Por su parte la organización Miss Universo Ecuador y la Universidad de Las Américas (UDLA), donde Argüello estudió medicina, también han emitido comunicados lamentando su pérdida.

Noticias tan tristes como esta nos recuerdan la inherente fragilidad de nuestra existencia terrenal. En CÂRDIUM oramos por su eterno descanso y acompañamos en el dolor a los familiares y amigos de la Dra. Arguello. Paz en su tumba.

Colesterol y Triglicéridos: 7 CONSEJOS de VIDA.

colesterol y trigliceridos altos

¿Mantienes altos tus niveles de colesterol o de triglicéridos? Quizás ahora mismo no sientas ningún malestar y no le estés prestando atención al asunto. Sin embargo, si no haces algo al respecto es muy probable que llegues a sufrir alguna enfermedad aterosclerótica como un infarto coronario. También es posible que termines con una insuficiencia cardíaca, una arritmia o un accidente cerebrovascular. Sí, así de peligroso es este asunto.

¿Qué? ¿Eres de esos pocos a los que nunca le han subido las grasas en la sangre? Entonces debes saber que si no te cuidas es solo cuestión de tiempo hasta que se te trepen las cifras del colesterol, de los triglicéridos, o de ambos. También es muy probable que en algún momento te baje demasiado el HDL o «colesterol bueno», lo cual es incluso peor. Entonces, ponte pilas, sigue leyendo esto y… ¡has algo por tu vida!.

Está científicamente comprobado que los trastornos de las grasas en la sangre, también concidos como «dislipidemias» pueden provocar una importante afectación de tus capacidades para mantenerte productivo y vital. No solo pueden acortar tu sobrevivencia, sino también interfir en tu desempeño físico, laboral y sexual provocando un deterioro de la calidad de vida.

Por si te lo perdiste, en otro artículo aquí en +LATIDOS, te explicamos detalladamente el porqué son tan peligrosas las dislipidemias. En ese material, también te enseñamos a interpretar los resultados de tus exámenes de laboratorio y cuáles son los principales tratamientos y medicamentos actualmente disponibles para bajar las grasas en sangre.

Todos hemos escuchado aquello de que «prevenir es mejor que curar«. Es cierto, pero prevenir es además menos doloroso, y mucho, pero mucho, más barato. Por eso hoy te traemos estos 7 consejos de vida para que mantengas tus triglicéridos y tu colesterol a raya:

Consejo 1: COME BIEN y… ¡VIVE MEJOR!

Una alimentación equilibrada es el pilar fundamental para la prevención de las dislipidemias y otros trastornos de la salud metabólica como la resistencia insulínica.

En general los alimentos que más suben el colesterol son los mariscos (camarón, langostinos, cangrejos, ostras y animales de concha), también las vísceras, las carnes rojas y los productos industriales como los embutidos y ahumados. Por su parte los alimentos que más suben los triglicéridos son el exceso de carbohidratos como azúcares y almidones presentes en cereales (arroz, maíz, trigo), en tubérculos (papa, yuca, camote, batata o boniato), así como en las frutas. Sí, así como lo estás leyendo: el exceso de frutas como guineo, mango, naranja o piña también te puede subir los triglicéridos.

Conociendo esto, paso a compartirte las principales recomendaciones dietéticas para que mantengas controlados tus triglicéridos y tu colesterol:
Limita las grasas saturadas: Evita carnes grasas, lácteos enteros, mantequilla y aceite de palma. Ten presente que algunos productos como los helados industriales, además de exceso de azúcar suelen tener altas concentraciones de grasas saturadas procedentes de la leche e incluso de aceites añadidos poco saludables como el de palma.
Evita las grasas trans: Están presentes en alimentos industriales procesados como galletas, dulces y pastelería en general.
Incorpora grasas saludables:
Ácidos grasos omega-3: Consumir pescado graso (salmón, albacora, sardinas) dos veces por semana, asi como nueces otros frutos secos y semillas de chía.
Grasas monoinsaturadas: Aceite de oliva, aguacate y frutos secos.
Aumenta la fibra soluble: Se encuentra en avena, frutas (manzanas, naranjas), legumbres y vegetales, y ayuda a reducir el colesterol malo o LDL.
Reduce los azúcares simples: Limita los refrescos, postres y productos con harinas refinadas (pan, galletas, empanadas, pastas y pizzas) que elevan los triglicéridos.

Si deseas saber más sobre las grasas y su importancia en el organismo, así como recomendaciones nutricionales para mejorar tu salud metabólica, te invito a que consultes este artículo en la web Medicina Explicada: El mito de las grasas (y por qué no todas son enemigas).

Consejo 2: MANTENTE ACTIVO (LUCHA por tu VIDA)

Está demostrado que el ejercicio regular mejora la salud cardiovascular por varias vías. La actividad fisica sistemática puede reducir el colesterol malo LDL y los triglicéridos. Pero sobre todo es casi la única manera de aumentar el colesterol HDL o colesterol bueno.
Realiza al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada, como caminar, trotar, bailar, nadar o montar bicicleta.
Complementa con ejercicios de fuerza o musculación al menos dos a tres veces por semana.

mujer en bici

Consejo 3: CUIDA TU PESO y NO LLORES.

El sobrepeso y la obesidad, sobre todo cuando hay aumento del perímetro o circunferencia abdominal (tener la barriga grande, algo que los médicos llaman “obesidad central”) muchas veces se asocia con triglicéridos altos y colesterol HDL bajo. Cuando todo eso coincide, entonces decimos que la persona tiene un síndrome metabólico.

Para que la reducción del peso sea más efectiva debes:
Lograr una pérdida de peso gradual (5-10% del peso corporal inicial).
Combinar una dieta equilibrada con actividad física para un enfoque sostenible.
Si tienes obesidad global o central debes buscar ayuda especializada. No es recomendable que sigas dietas por tu cuenta. Lo que a otra persona le ha dado resultado no necesariamente en tu caso será lo más efectivo o seguro.

Por otro lado, no todas las orientaciones dietéticas que se anuncian en internet o las redes sociales tienen un basamento científico o una validación profesional. En este otro artículo de este blog encontrarás más información al respecto: Cómo vencer la obesidad (sin sufrir en el intento).

Consejo 4: HUYE de los TÓXICOS.

Uno de los tantos efectos dañinos del tabaquismo ó hábito de fumar es que reduce el colesterol bueno HDL y por esa vía aumenta el riesgo de daño arterial. Al dejar de fumar, mejorarás tu perfil lipídico y reducirás significativamente tu riesgo cardiovascular.

Por otro lado, el consumo excesivo de alcohol es una causa frecuente de elevación de los triglicéridos. Las bebidas alcohólicas muy calóricas como las cervezas son las más dañinas. Los límites recomendados son hasta 1 bebida al día para mujeres y hasta 2 bebidas al día para hombres.

Consejo 5: LLÉVATE a REVISIÓN.

Las revisiones médicas periódicas con análisis de sangre permiten detectar alteraciones en los lípidos o grasas como el colesterol o los trigliceridos antes de que causen síntomas o provoquen enfermedades mayores. Todo adulto sano debe realizarse exámenes de las grasas en sangre al menos una vez al año. Anótalo en tu calendario para que no lo olvides.

Pero en caso de que sufras diabetes, hipertensión o tengas antecedentes de enfermedades cardiovasculares deberás hacerte exámenes de colesterol y triglicéridos más frecuentes (incluso hasta 3 ó más veces por año) .

Consejo 6: ¿OTRAS ENFERMEDADES? MANTÉNLAS BAJO CONTROL.

Existen enfermedades como el hipotiroidismo, la diabetes mellitus o el síndrome metabólico que tienen una incidencia directa sobre los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre. Por tanto, resulta muy importante mantenerlas controladas. También existen enfermedades cuyos medicamentos pueden hacer que suban las grasas en la sangre.

Algunos fármacos como los anticonceptivos y medicamentos como los antinflamatorios esteroideos que se usan en las alergias, la artritis y enfermedades autoinmunes pueden subir los lípidos en sangre. Es importante que estés al tanto si usas alguna medicina con potencial de elevarte los triglicéridos o el colesterol. En ese caso debes de analizar con tu médico si existen alternativas o alguna forma de disminuir esa probailidad. Caso contrario, debes chequearte con más frecuencia las grasas en la sangre.

Consejo 7: APRENDE a MANEJAR… EL ESTRÉS.

Está demostrado que el estrés crónico puede empeorar los hábitos alimenticios, afectar la calidad del sueño, reducir la actividad física, alterar los lípidos en sangre y así aumentar el riesgo cardiovascular.

Aprende y practica técnicas de manejo del estrés como actividades recreativas y hobbies que disfrutes, también usa técnicas de meditación o mindfulness y ejercicios de respiración o Yoga. Muchas veces puede ser de extraordinaria utilidad abuscar ayuda especializada y asistir a sesiones con un psicólogo clínico.

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Autora: Dra. Karla Aquino, cardióloga clínica..

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Los latidos que me robó un INFARTO CARDÍACO

lo que nos arrebató un infarto

Mi abuelo Miguel falleció con apenas 52 años. Él fue una de las más de 15 millones de personas que cada año pierden la vida por un infarto cardíaco. Al momento de su deceso yo tenía apenas unos meses de nacido, pero siempre he sabido del dolor por todo lo que con él perdió nuestra familia.

Sí, mi abuelo era alguien muy especial y todo el que lo conoció solo puede hablar de bondad, su laboriosidad, el amor por los suyos y su enorme sonrisa. Pero un día todo eso nos lo arrebató un infarto en el corazón. Mi abuelo era tan bueno como terco y se resistió a acudir al médico a pesar de que hacía algún tiempo sentía dolores en el pecho.

Ahora quiero que ni tú ni tu familia sufran lo mismo. Por eso te pido que leas esto y hagas todo para evitarlo.

¿Qué son los infartos cardíacos?

El infarto cardíaco, también conocido como infarto agudo del miocardio (IAM) o ataque cardíaco (en inglés: “heart attack”)  es una temida complicación que consiste en que literalmente se nos muere un pedazo del corazón. Aproximadamente la mitad de los pacientes que sufren un infarto cardiaco fallecen en los primeros 28 días. Pero lo más impactante es que 3 de cada 4 de esas muertes, ocurren en las primeras 24 horas luego del inicio de los síntomas.

Ya te hemos explicado en otro artículo de este sitio que las arterias coronarias son las que alimentan y mantienen vivo al corazón. En efecto, las coronarias son una especie de “mangueritas” o “tubitos” por donde circula la sangre con nutrientes y el oxígeno que le sirve de combustible al músculo cardíaco o miocardio. Pero cuando esas arterias se tapan o bloquean se interrumpe el suministro de oxígeno a las células miocárdicas, y entonces ellas sufren hipoxia que es una especie de “asfixia” y… ¡empiezan a morir!

No, no has leído mal: en un infarto miocárdico agudo ocurre una muerte o “necrosis” de una parte del corazón y de esa forma se afecta su capacidad para funcionar adecuadamente y bombear la sangre hacia todo el cuerpo. Cuando la zona infartada es muy pequeña la persona puede que no tenga muchos síntomas, o incluso quizás no llegue a sentir nada. Esto es lo que algunos llaman un infarto cardiaco silente.

Arterias coronarias: el corazón bombea sangre con oxígeno y nutrientes hacia todo el cuerpo. Pero también se nutre a sí mismo a través de las coronarias. Toca la imagen y accede a un vídeo explicativo.
Arterias coronarias: el corazón bombea sangre con oxígeno y nutrientes hacia todo el cuerpo. Pero también se nutre a sí mismo a través de las coronarias. Toca la imagen y accede a un vídeo explicativo.

En cambio, si la región infartada es grande, entonces el paciente puede desarrollar eventos graves como arritmias o insuficiencia cardíaca. Esas complicaciones pueden poner en peligro la vida o dejar importantes secuelas y discapacidad permanente. Un infarto del miocardio puede interferir con el normal desarrollo de las actividades de la vida diaria, así como con el desempeño laboral y sexual.

Pero… ¡que no cunda el pánico! los infartos puede evitarse y aquí te explicaremos cómo. No obstante, si ya sufriste uno debes saber que los pacientes con un ataque al corazón gracias a los avances médicos en el campo de la farmacología y otras tecnologías, actualmente tienen mayores probabilidades de recuperar su estado de salud anterior y lograr llevar una vida normal. En efecto, si mi abuelo hubiese contado con los recursos que tenemos hoy, quizás aún pudiésemos reír juntos.

Es importante aclarar que los infartos no solo ocurren en el corazón, otros órganos también pueden sufrir este peligroso fenómeno. Además de los cardíacos, unos de los más frecuentes y temidos son los infartos cerebrales. Sin embargo, sus causas son muy similares, de modo que la prevención tiene puntos en común.

¿Angina de pecho? ¡Alerta de infarto!

Usualmente el inicio de esta tragedia no es el día en que ocurre el infarto cardiaco sino mucho antes: con el inicio de la enfermedad coronaria aterosclerótica. Sucede que las arterias coronarias pueden irse poco a poco tapando con grasas como el colesterol y los triglicéridos. Las grasas se van depositando en las paredes de las arterias provocando una inflamación local, en un proceso llamado “aterosclerosis”. De esa forma, la arteria se estrecha progresivamente llegándole cada vez menos sangre oxigenada al miocardio y provocando la enfermedad isquémica del corazón.

aterosclerosis y coronarias tapadas
Arteriosclerosis coronaria: la arteria se va estrechando progresivamente por grasa que forma una especie de «costra» dura en sus paredes llamada placa de ateroma.

Al principio, la también conocida como “cardiopatía isquémica”, “insuficiencia coronaria” o “arteriopatía coronaria”, puede que no provoque ningún síntoma importante. Pero cuando la enfermedad avanza algunas personas empiezan a tener molestias o dolor en el pecho en forma de una opresión, sobre todo durante la actividad física o las emociones intensas. A este síntoma se le llama “angina de pecho” o “dolor anginoso” y puede ser un signo premonitorio de un infarto cardíaco, o sea una importante señal de alarma.

El dolor anginoso usualmente aparece en el centro del pecho cuando se está haciendo algún esfuerzo o teniendo relaciones sexuales y desaparece de inmediato con el reposo. También puede aparecer luego de hacer una comida abundante y ante un susto o un episodio de ira. Este dolor puede ser fijo o correrse hacia el cuello, la mandíbula, la espalda o hacia los hombros. También se puede irradiar a los brazos, sobre todo al izquierdo en forma de un calambre u hormigueo.

A veces la angina se acompaña de otros síntomas como sudoración, frialdad y palidez de la piel, sensación de fatiga o agitación y cierta dificultad para respirar. Es importante señalar que algunas personas no sienten dolor sino que solo experimentan estos otros síntomas que hemos descrito antes y que los médicos suelen llamar “equivalentes anginosos”. Si estás teniendo dolor en el pecho o alguno de estos malestares no lo pienses más y busca cuanto antes atención médica con un cardiólogo.

No obstante, es oportuno señalar que una persona con cardiopatía isquémica no siempre termina desarrollando un infarto del miocardio. Muchos pacientes con obstrucciones coronarias y que incluso han experimentado síntomas anginosos, nunca llegan a sufrir un ataque cardíaco. Esto es más factible en aquellos que a pesar de sufrir una insuficiencia coronaria, logran modificar radicalmente su estilo de vida (dejar de fumar, bajar de peso, controlar la hipertensión y la diabetes).

También es menos probable que desarrollen un infarto los pacientes con enfermedad isquémica del corazón que se someten a procedimientos de intervencionismo coronario por catéter, así como los que cumplen con la medicación y siguen las orientaciones médicas.

Y… ¿cómo se produce un infarto del miocardio?

Aquellas personas con cardiopatía isquémica en las que el proceso de arterioesclerosis coronaria sigue progresando, desafortunadamente si pueden terminar evolucionando a un infarto miocárdico.

Por lo general el infarto ocurre cuando las placas de grasa calcificada que es una especie de “costra” en las paredes de sus arterias coronarias se rompen o fisuran. Esto provoca que se active el mecanismo de la coagulación sanguínea y se forme un trombo o coágulo de sangre que puede tapar por completo la arteria, interrumpiendo el flujo sanguíneo. Si esto pasa, entonces la persona desarrolla un infarto agudo del miocardio y el dolor en el pecho se hace intenso y persistente, o sea que ya no se alivia con el reposo.

Inicio del infarto: si la placa de ateroma se rompe o fisura, el organismo reacciona formando un trombo, el cual puede acabar taponeando la circulación por la arteria.
Inicio del infarto: si la placa de ateroma se rompe o fisura, el organismo reacciona formando un trombo, el cual puede acabar taponeando la circulación por la arteria.
Sin oxígeno no hay vida: la interrupción del flujo de sangre por una arteria coronaria hace que a las celulas miocárdicas les falte oxígeno y empiecen a morir.
Sin oxígeno no hay vida: la interrupción del flujo de sangre por una arteria coronaria hace que a las celulas miocárdicas les falte oxígeno y empiecen a morir.

Menos comúnmente, la causa de un infarto miocárdico puede ser un espasmo o estrechamiento momentáneo de una arteria coronaria provocado por ejemplo por un estrés emocional intenso, o por el consumo de ciertas drogas como la cocaína que provocan vasoconstricción. También una causa poco frecuente de ataque cardiaco puede ser una embolia, que consiste en un coágulo que se forma dentro de las cavidades del corazón y desde allí viaja, entra en una coronaria y tapa el flujo sanguíneo.

Sea por la causa que sea, cuando deja de llegar la sangre a una zona del miocardio se desarrolla un fenómeno conocido como “isquemia”, o sea una especie de “asfixia” que daña a las células miocárdicas (también llamadas miocardiocitos). Sin oxígeno, estas empiezan a morir por miles, y este número aumenta con cada minuto que pasa. Pero si se logra detectarlo y tratarlo rápidamente, entonces se reduce la cantidad de células muertas, lo cual hace que el infarto sea más pequeño y tenga mejor evolución y pronóstico.

Cuando el diagnóstico y el tratamiento se retrasan (porque la persona demora en acudir al médico, o en el hospital no actúan con rapidez) entonces la zona infartada termina siendo mucho más grande. Sí, por eso cada minuto cuenta. Y entre más extenso sea el infarto, mayor será la probabilidad de que aparezcan complicaciones graves con peligro de muerte, o de quedar con una insuficiencia cardiaca y discapacidad permanente. Esto determina lo crucial de hacer el diagnóstico e iniciar el tratamiento del infarto lo más rápido posible.

Si el paciente sobrevive en la zona del infarto ocurre un proceso de cicatrización en el que el tejido muscular es sustituido por una cicatriz fibrótica. El problema es que al perderse tejido muscular, el corazón pierde capacidad para contraerse y relajarse, afectándose su función de bombeo. En algunos pacientes esto puede desembocar en una insuficiencia cardíaca.

¿Cuáles son los síntomas del infarto o ataque cardíaco?

Cada persona puede experimentar los síntomas de un infarto de una manera diferente. Incluso en algunas personas un infarto puede cursar sin ningún síntoma y descubrirse por casualidad días o meses después en un electrocardiograma de rutina.

Los síntomas más frecuentes de un infarto miocárdico agudo son:

El sintoma más caracteristico del infarto cardiaco es un dolor intenso en el pecho.
  • Dolor en el pecho: Por lo general es de inicio repentino y de empeoramiento rápidamente progresivo. Puede sentirse como un dolor muy intenso, usualmente en el centro del pecho o la “boca del estómago”. Los pacientes suelen describirlo como una sensación de compresión o de tener un gran peso encima del pecho. El dolor puede ser fijo o correrse o irradiarse hacia el brazo izquierdo o ambos brazos, a los hombros, al cuello, la mandíbula o la espalda. Sin embargo, algunas personas lo que sienten es una sensación de “ardor” que pueden confundir con una indigestión. En cambio otros no sienten ningún tipo de dolor y en su lugar solo experimentan alguno de los otros síntomas.
  • Dificultad para respirar: La sensación de “ahogo” o de “falta de aire”, que empeora al realizar algún esfuerzo o al acostarse, es un síntoma común de los ataques cardiacos.
  • Sudor frío: Sensación de humedad y frío en la piel que a veces se experimenta como un sudor pegajoso.
  • Náuseas: El deseo de vomitar es un síntoma frecuente que puede estar acompañado de una sensación de malestar general. En ocasiones llegan a ocurrir vómitos. A veces también se acompaña con deseos de defecar.
  • Mareos, debilidad o desmayos: La persona con un infarto puede tener mareos,   decaimiento o problemas del equilibrio. En algunos pacientes el único síntoma es la pérdida de la conciencia en forma de síncope.
  • Palpitaciones: El paciente puede sentir latidos fuertes, rápidos o desordenados. Un infarto miocárdico agudo puede cursar con diversas arritmias, tanto lentas (taquicadias o bradiarritmias) como también rápidas (taquicardias o taquiarritmias). Algunas de ellas pueden ser bastante peligrosas ya que pueden desencadenar una parada cardio-respiratoria.

Es importante señalar que los síntomas del infarto pueden ser algo diferentes en las mujeres respecto a los hombres. En lugar del típico dolor en el centro del pecho, algunas féminas a veces solo sienten una especie de “ardor” en la región superior del abdomen que puede ser confundido con un malestar estomacal. También en lugar de dolor, pueden sufrir solo náuseas, mareos o sudoración.

Pero no solo en algunas mujeres se pueden pasar por alto los síntomas que indican que están sufriendo un ataque al corazón. También otras personas con algunos problemas de salud es posible que puedan llegar a sufrir un infarto cardiaco sin que sientan el característico dolor. Tal es el caso de sujetos de muy avanzada edad, diabéticos, alcohólicos y adictos a sustancias estupefacientes, asi como personas bajo tratamiento con psicofármacos.

¿Cómo se detecta un infarto agudo del miocardio?

El diagnóstico de un infarto miocárdico agudo, ante todo depende de un médico que sea capaz de interrogar y examinar adecuadamente al paciente. Muchas veces con solo escuchar la descripción de los síntomas y hacer algunas preguntas, cualquier médico debidamente capacitado puede sospechar un infarto, incluso sin ser cardiólogo.

Los estudios más importantes para diagnosticar un infarto son:

Exámenes de laboratorio: Para confirmar el diagnóstico del infarto, el médico debe realizar ciertos análisis de sangre, sobre todo la determinación de algunos biomarcadores de daño miocárdico como las troponinas y el nivel de ciertas enzimas. Usualmente estos exámenes de sangre se repiten cada cierta cantidad de horas para evaluar su comportamiento progresivo. También los exámenes de laboratorio incluyen un hemograma, pruebas para determinar el nivel de azúcar en sangre (glicemia) y para evaluar el funcionamiento de otros órganos como los riñones.

Electrocardiograma (ECG): es un examen esencial en toda persona que acude a un centro médico con dolores en el pecho o algún otro síntoma que haga sospechar un infarto miocárdico agudo. En muchos pacientes el ECG es suficiente para establecer el diagnóstico, sin embargo en algunas personas el electro puede ser completamente normal, o solo tener alteraciones sutiles e inespecíficas, o de aparición tardía. En reumen: un electro normal o con alteraciones mínimas no descarta por completo que la persona esté desarrollando un infarto. Por eso ante la sospecha, puede ser necesario mantener el paciente en observación y hacerle varios ECGs cada cierto tiempo.

Ecocardiograma doppler: Es una ecografía del corazón, o sea un estudio no invasivo que permite evaluar el estado del funcionamiento cardiaco. En el curso del infarto puede ser de mucha utilidad para estimar la cantidad de miocardio afectado y sobre todo para detectar algunas de sus principales complicaciones.

Radiografía de tórax: Sirve para determinar si la persona tiene agrandado el corazón y si hay edema pulmonar (líquido en los pulmones).

Angiografía coronaria: la también llamada coronariografía es un procedimiento por catéter que ayuda a identificar la arteria coronaria responsable, o sea la que lo ha ocasionado al ella taparse. También en muchos casos puede servir para realizar un procedimiento denominado “angioplastia” mediante la cual se puede destapar la obstrucción y hacer que de nuevo le llegue sangre oxigenada al miocardio afectado (reperfusión). Esto hace que la zona infartada termine siendo mucho menor, y así mejore el pronóstico del paciente, además de acelerarse su recuperación. Sin embargo este procedimiento para que sea realmente efectivo tiene que realizarse en las primeras horas de iniciado del infarto.

¿Porqué los infartos cardíacos son tan peligrosos?

Un infarto puede provocar diversas complicaciones, algunas de ellas con peligro para la vida. Es por eso que siempre que se diagnostica un infarto el paciente debe ser hospitalizado, de ser posible en una unidad de cuidados intensivos coronarios bajo un estrecho monitoreo. Esto es muy importante, incluso aunque la persona en apariencia se encuentre estable y se sienta mejor. Dentro de las complicaciones a evitar se encuentran:

  • Insuficiencia cardíaca: Es un estado en que el corazón es incapaz de cumplir adecuadamente con su función de bombear sangre hacia el resto de los órganos. En el infarto, al morir las células de una parte del músculo cardiaco, se disminuye su capacidad para contraerse y eso puede llevar a una insuficiencia cardiaca.
  • Arritmias: Un infarto miocárdico agudo puede provocar diversas alteraciones del ritmo cardíaco, ya sea ritmos rápidos (taquicardias) como la fibrilación atrial, o los bloqueos y latidos lentos (bradicardias). Las más temidas son las llamadas “arritmias malignas” como la taquicardia ventricular y la fibrilación ventricular. Estas últimas son una forma de paro cardiaco y conducen en pocos minutos a la muerte si la persona no es tratada de manera rápida y efectiva con maniobras de reanimación cardiopulmonar.
  • Ruptura cardíaca: El infarto puede debilitar la pared del corazón y hacer que se rompa. Este es un evento grave que a su vez puede desencadenar otras complicaciones como un taponamiento cardiaco y la muerte.
  • Aneurisma ventricular: En ocasiones el debilitamiento de la pared cardíaca hace que esta se afine y dilate formando un aneurisma ventricular.
  • Tromboembolismos: La disminución de la contractilidad en la zona del infarto puede hacer que se formen trombos o “coágulos” dentro del corazón, los cuales pueden desprenderse y viajar hasta tapar arterias en otros órganos. De esa forma se puede afectar la circulación de sangre en regiones del cerebro provocando un accidente cerebro-vascular (ACV).
  • Derrame pericárdico: Luego del infarto puede acumularse líquido en el pericardio que es una especie de “saco” que rodea y protege al corazón. Si el volumen del derrame pericárdicoes importante, o si se acumula muy rápidamente puede comprimir el corazón y generar complicaciones o incluso la muerte.
  • Muerte súbita: En los casos más graves de insuficiencia cardíaca, arritmias ventriculares o ruptura del corazón puede ocurrir una muerte súbita cardíaca. Desafortunadamente algunas personas con un infarto cardiaco aparecen muertas o fallecen antes de llegar al hospital, es lo que popularmente se conoce como “infarto fulminante”.

¿Cuál es el tratamiento del infarto cardiaco?

El tratamiento del infarto debe iniciarse cuanto antes una vez haya sido diagnosticado. Entre más rápido se inicie el tratamiento, más celulas miocardicas se salvarán de morir y por tanto la zona infartada será menor y el paciente podrá recurperarse más rápido e incorporarse a su vida normal. Las principales pautas de tratamiento de un infarto agudo del miocardio son:

  • Medicamentos: En el infarto se usan diversos fármacos con muy diversos fines: disolver el coágulo, reducir el dolor, aliviar la ansiedad y prevenir complicaciones. Dentro de los medicamentos más importantes se encuentran los trombolíticos o fibrinolíticos. Estos fármacos son capaces de disolver los trombos que están tapando las arterias, algo que puede tener un impacto crucial en la evolución del paciente. Sin embargo, este tipo de medicamentos son solo útiles cuando se administran durante las primeras horas del infarto, de ahí la importancia de llegar lo más pronto posible a un hospital. Otros medicamentos útiles en el infarto son los anticoagulantes y los antiagregantes plaquetarios como el Clopidogrel (Plavix® o Troken®) y el Ácido Acetil Salicílico (Cardioaspirina®, Blaqueta®, Antiplac® o ASA®).
  • Angioplastia coronaria: Es una intervención que busca destapar la arteria coronaria obstruida. Se realiza mediante un catéter que se introduce por una arteria del brazo o de la ingle y se desliza hasta el corazón. Allí se identifica la arteria bloqueada y se trata de abrirla colocando un dispositivo llamado stent. Pero este procedimiento es verdaderamente útil solo si se realiza durante las primeras horas del infarto. Si quieres saber más detalles, puedes consultar este otro artículo en nuestra web.
  • Cirugía de bypass: En ciertos casos es imposible destapar la coronaria mediante un intervencionismo con catéter. En algunos de esos pacientes se pueden utilizar una cirugía que consiste en hacer un puente o bypass que se salte la zona donde la coronaria está tapada. Esos “puentes” o “derivaciones” restablecen la circulación de la sangre con oxígeno hacia las zonas del miocardio afectado.
angioplastia
Angioplastía coronaria: se introduce un catéter con el stent o «muellecito» colapsado acoplado a un baloncito o «globito». Al inflar el balón se expande el stent y se destapa la arteria.

Rehabilitación postinfarto: recuperando tu vida.

Luego de sufrir un infarto agudo del miocardio (IAM) en muchos casos es posible lograr una recuperación prácticamente total. En efecto, el paciente que ha sufrido un IAM puede aspirar a tener una vida normal, sin mayores limitaciones laborales, físicas o sexuales. Pero para lograrlo es muy importante iniciar un proceso terapéutico de rehabilitación cardiovascular.

La rehabilitación postinfarto es un programa integral diseñado para ayudar a los pacientes a recuperarse física y emocionalmente. Por lo general este tipo de programas incluyen:

a) Ejercicio supervisado para mejorar el condicionamiento miocárdico, estimular la circulación colateral coronaria y la suplantación de la función contráctil por otras zonas del miocardio no afectadas por el infarto.

b) Educación sobre hábitos saludables, como una dieta equilibrada y dejar de fumar para evitar la progresión de la enfermedad coronaria.

c) Apoyo psicológico para manejar la ansiedad y el estrés o la depresión que pueden surgir tras el evento.

Estos programas suelen durar entre 8 y 10 semanas y es fundamental para prevenir futuros problemas cardiovasculares.

¿Qué puedo hacer para prevenir un ataque coronario?

Las personas con antecedentes de hipertensión arterial o diabetes mal controlada, con obesidad, historial de colesterol o triglicéridos elevados, asi como los que fuman o toman exceso de bebidas alcohólicas tienen muchas más probailidades de desarrollar un infarto. Para mantener tu corazón saludable y reducir el riesgo de un ataque cardíaco, estas son algunas recomendaciones prácticas y basadas en la evidencia científica:

Evita el tabaco, el exceso de alcohol y otras drogas:

No fumes ni uses productos de tabaco, incluyendo cigarrillos electrónicos o vapeo. También protege a tu corazón evitando el humo de segunda mano, evita ser eso que llamamos un «fumador pasivo». También es muy importante evitar el exceso de bebidas alcohólicas. Así mismo, el cosumo de drogas como la cocaina es una de las principales causas de infarto cardiaco en adultos jovenes con arterias coronarias normales.

Monitorea y mantén estable tu presión arterial:

Mantén tu presión arterial idealmente por debajo 120/80 mmHg. Si sufres de presión alta, sigue las recomendaciones de tu médico para controlarla y cumple con la medicación. Está cientificamente demostrado que la hipertensión arterial es una de las principales causas de cardiopatía isquémica y síndrome coronario agudo.

Controla tus niveles de colesterol y triglicéridos:

Realiza análisis de colesterol regularmente. Todo adulto de mediana edad debería hacerse un chequeo de las grasas en la sangre al menos una vez al año. Pero si ya tienes cierta edad, en tu familia hay antecedentes de padecer del corazón, o si eres diabético o hipertenso, entonces necesitas chequeos más frecuentes. Si tienes el colesterol total por encima de 160 mg/d, y/o el colesterol «malo» LDL por encima de 100 mg/dL y/o el colesterol «bueno» HDL por debaho de 40 mg/dL para hombres, entonces la probabilidad matemática de que desarrolles una enfermedad coronaria y termines sufriendo un infarto es mucho mayor.

Gestiona tus niveles de azúcar en sangre:

Mantén el azúcar en sangre en ayunas por debajo de 100 mg/dL. Para una medida más a largo plazo, es importante la evaluación con un exámen de sangre llamado hemoglobina glicosilada (HbA1C ó A1C). Lo deseable es que sea menor de 5.7% tanto en diabéticos como en no diabéticos.

Adopta una dieta cardio-saludable:

Consume alimentos bajos en grasas saturadas y trans, limita el sodio (sal) y evita los azúcares añadidos, también los alimentos ultraprocesados. Incorpora frutas, verduras, granos integrales, proteínas magras y grasas saludables como las del aceite de oliva o los frutos secos.

Mantén un peso adecuado:

Evita o combate la obesidad. Debes hacer todo lo posible por mantener tu Índice de Masa Corporal (IMC) entre 18.5 y 24.9, lo cual se considera dentro del rango saludable.

Mantente activo:

Realiza cada semana al menos 150 minutos de actividad física de intensidad moderada (como caminar a paso rápido) o 75 minutos de actividad intensa, o una combinación de ambas. También es muy útil que puedas hacer ejercicios para tonificar y mejorar la masa muscular.

Cuida tu sueño:

Asegúrate de dormir entre 7 y 9 horas cada noche y tener una adecuada calidad del sueño. Un buen descanso nocturno es vital para la salud de tu corazón y reduce el estrés que puede afectar negativamente tu sistema cardiovascular. Si te han dicho que roncas mucho y de forma irregular, sufres muchas pesadillas, te despiertas con facilidad o tienes despertares súbitos con sensación de ahogo o palpitaciones, es posible que estés sufriendo una apnea del sueño. Comenta estos síntomas con tu médico y él te indicará que hacer.

Acude a chequeos médicos regulares:

Acude a tus revisiones médicas regulares. Estas visitas permiten detectar y tratar problemas de salud a tiempo, incluyendo aquellos que pudieran afectar a tu corazón. Si ya padeces una cardiopatia isquemica es importante que tengas citas periódicas con un buen cardiólogo.

Cumple con tu tratamiento médico:

Si te han prescrito medicamentos para controlar factores de riesgo como la presión arterial alta, colesterol o diabetes, tómalos conforme a las indicaciones de tu médico.

Aprende a controlar el estrés:

Aprende técnicas de manejo del estrés como la meditación, el yoga o sencillamente encontrar tiempo para actividades que disfrutes. El estrés crónico puede contribuir a enfermedades del corazón.

Todas estas medidas no solo ayudan a prevenir ataques cardíacos, sino que también promueven una vida más larga y saludable. Recuerda que siempre será mejor prevenir que tener que sufrir y lamentar.

¿Qué debo hacer si sospecho que estoy sufriendo un infarto cardíaco?

Si sospechas que estás teniendo un ataque al corazón, es vital actuar con rapidez. Recuerda que cada minuto cuenta en estas situaciones.

  1. Llama al número de emergencias inmediatamente: ¡No demores! si tienes un dolor extraño en el pecho que dure 5 minutos o más, ve de inmediato al médico o llama pidiendo ayuda. En el infarto cardiaco es crucial la actuación rápida a fin de salvar la mayor cantidad posible del músculo cardíaco.
  2. Quédate tranquilo: Evita agitarte, gritar o hacer esfuerzos. La ansiedad puede empeorar la situación. Mientras llega la ayuda, muévete lo menos posible y descansa en una posición cómoda.
  3. Toma Aspirina: Si tu médico te lo ha indicado y no eres alérgico puede ser muy útil que tomes o mastiques 300 mg de Ácido Acetil Salicílico (Aspirina). Esto equivale a 3 tabletas de 100 mg.
  4. No comas ni bebas nada: Tener el estómago lleno podría dificultar algunos procedimientos médicos.
  5. Describe tus síntomas con claridad: Al llamar a emergencias, sé lo más preciso posible. También  
  6. Ten a mano tus documentos médicos: Es importante que tengas a mano y lleves al hospital tu información médica. Puedes tener una carpeta médica en la que estén los informes y resultados de tus exámenes, lo medicamentos que tomas y tus alergias, así como tus contactos de emergencia. Es muy útil incluir electrocardiogramas antiguos (incluso los que ya tengan meses o años). Para los médicos que te atiendan en el servicio de emergencias puede ser de muchísima utilidad poder comparar tu ECG actual con los previos.
  7. Acompaña a la persona: Si alguien a tu alrededor presenta síntomas sospechosos de un infarto agudo del miocardio, no lo dejes solo. Si es necesario, se tú quien de la voz de alerta, solicitando ayuda o notificando a otros familiares y personas cercanas.

Lo que mis pacientes preguntan:

¿Me puede repetir el infarto?

Sí, es posible que un infarto cardíaco repita y que sea con una mayor gravedad. Los factores de riesgo como la hipertensión arterial y la diabetes mal controladas, el colesterol alto y el tabaquismo pueden aumentar esa probabilidad. Por eso, es crucial seguir un tratamiento médico adecuado y adoptar un estilo de vida saludable para reducir el riesgo de que repita.

Después de sufrir un infarto cardíaco…

a) ¿Cuándo puedo regresar a mi trabajo?

El tiempo para regresar al trabajo varía según la gravedad del infarto y las condiciones del puesto laboral. Si el infarto no ha sido complicado, usualmente se puede volver a trabajar entre cuatro y seis semanas después del evento. Sin embargo, es importante que esta decisión sea evaluada por un médico cardiólogo, quien considere tanto la situación de salud del corazón como el tipo de específico trabajo que realiza el paciente.

b) ¿Cuándo podré tener relaciones sexuales?

Ante todo debemos tener en cuenta que las relaciones sexuales no solo implican una actividad física, sino que también incluyen una fuerte carga emocional. Los cardiólogos probablemente le puedan recomendar a la mayoria de sus pacientes que reanuden la actividad sexual entre cuatro y ocho semanas después del infarto, siempre y cuando el paciente se sienta bien y no tenga síntomas como dolor en el pecho o falta de aliento. En todo caso es prudente someterse previamente a una prueba de esfuerzo mediante la cual el cardiólogo podrá evaluar la respuesta del corazón a la actividad física y emitirle algunas recomendaciones.

Un detalle importante es que las personas que han sufrido un infarto, quizás estén usando ciertos medicamentos como el Mononitrato de Isosobida (Monobide®, Medocor®) que pueden interferir desfavorablemnete con fármacos para mejorar la erección como Sildenafilo (Viagra®), Vardenafilo (Levitra®), Tadalafilo (Cialis®, Invictus®, Durax®) u otros similares. Antes de usar cualquiera de estos medicamentos debes de consutarlo con tu cardiólogo. Si quieres saber más detalles sobre la actividad sexual en personas que tienen padecimientos cardíacos, te recomendamos que leas este otro artículo en nuestro sitio: El sexo y mi corazón… ¿podré o no podré?

c) ¿Cuándo estaré en condiciones de hacer deporte?

Eso depende de varios factores como el tipo y tamaño del infarto miocárdico y su evolución posterior. También influye si le realizaron una angioplastía o una cirugía de revascularización (bypass coronario). Así mismo, está en relación con el tipo de actividad física deportiva que se planea hacer. Hay mucha diferencia en la sobrecarga que implican para el corazón los deportes como el fútbol, el tenis o la natación respecto a otros como el golf. En todo caso, lo ideal es que el paciente primero se incorpore a un programa de rehabilitación cardiovascular progresiva, en el curso del cual se realizará una prueba de esfuerzo para evaluar la respuesta del corazón a la actividad física.

d) ¿Cuándo volveré a conducir mi auto?

Después de sufrir un infarto de miocardio, el tiempo que debes esperar para volver a conducir varía según tu situación médica y el tipo de intervención que hayas tenido. Aquí te damos unas pautas generales:

  • Infarto sin complicaciones: Si el infarto fue pequeño, tu corazón no ha quedado con insuficiencia cardiaca y no has tenido arritmias, probablemente puedas reanudar la conducción aproximadamente entre una y dos semanas después del ataque cardiaco.
  • Infarto con complicaciones: Si has tenido complicaciones como insuficiencia cardíaca o arritmias, lo más probable es que tu cardiólogo te oriente que no debes conducir hasta pasados uno a tres meses después del infarto.
  • Cirugía de revascularización: Si fuiste sometido a una cirugía de bypass o «puentes coronarios» es recomendable esperar al menos dos meses antes de volver a conducir. Para los conductores profesionales, este tiempo puede extenderse a unos tres meses.

No debes perder de vista que todas estas son solo unas recomendaciones generales. Es fundamental que consultes con su cardiólogo para obtener indicaciones personalizadas basada en tu estado de salud y tus riesgos asociados.

Mi juramento

Hoy tengo la  misma edad con la que perdimos a mi abuelo Miguel, y a mis 52 años comprendo toda la vida que aún tenía por delante y todo el tiempo que nos arrebató aquel infarto. Por eso quizás me hice cardiólogo y en memoria a él tengo una promesa: hacer todo lo posible para que ninguno de mis pacientes deje en su familia el vacío que la mía sufrió con su partida… ¡Ayúdame! ayúdame a cumplir mi juramento.

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Doctor Aldo Santos, cardiologo

Autor: Dr. Aldo M. Santos, cardiólogo, MSc.

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ADVERTENCIA: Este artículo solo tiene fines educativos y en ningún caso pretende sustituir la atención médica por un profesional calificado y debidamente acreditado.

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